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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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3 de junio de 2014

El maullar del gato

Prosperó la negrura rebosante de noche. Se asfixió la esperanza.
La habitación quedó abatida por tanto silencio. No había nada que decir.
Sólo un letrero de neón discordaba en la calle. Una idea furtiva.
El maullar de un gato interrumpió tan larga tiniebla. Tan vasta confusión.
Un sueño había muerto. No quedaba más que dormir.



©Manly



4 de mayo de 2014

… en plena noche de amor

Al fin lloré tras ser golpeada repetidamente. No quería respirar. Me había sentido  protegida en el vientre de mi madre desde el mismo momento en que me adherí a su cuerpo,  cinco días después de haber sido concebida…




©Manly



25 de abril de 2014

Merma

Érase una vez una comedia de más de un millón de palabras. Acomplejada por su gordura acudió a un escritor, este le prometió que en pocas semanas le convertiría en una esbelta microficción. Y así fue pero desde entonces se sintió desdichada. Añoraba las escenas que tantos años formó parte de ella, los verbos con los que había convivido, incluso personajes que habían desaparecido. La tristeza le invadió a tal punto que un día alguien abrió sus pastas y vio las hojas en blanco: las pocas palabras que habían quedado, temiendo la depresión, habían huido.



©Manly


28 de marzo de 2014

Mi perrita Blanquiña

Tengo una perrita que se llama Blanquiña. Me despierta por las mañanas y me hace compañía todo el día.
Hace lo que yo hago: si yo como come ella, si yo bostezo bosteza ella y si yo me resfrío se resfría ella y estornudamos las dos.

Creo que es pastor alemán, lo que no sé es el tamaño que tendrá porque no quiere dejarse  ver, ni siquiera por mi.

Su padre se llama Ernest y es perro policía. Es muy bueno. Viene por las noches a casa, ya tarde, y como es policía abre la puerta él solo. Yo no le escucho porque cuando él viene yo ya  me he quedado dormida leyendo, así que él entra despacito a mi habitación y me apaga la luz.

Cuando voy por la calle, Blanquiña, siempre me acompaña y al ir a comprar la gente me pregunta por ella, yo les digo que la llevo en mis hombros como si fuera un corderito, ella se sube sola, no sé bien cómo lo hace pero el caso es que pone su cabeza sobre mi hombro derecho y sus patas sobre el izquierdo. Y me preguntan: ¿no pesa? Pero no, mi perrita no pesa en absoluto.

Es una perrita muy inteligente. Está aprendiendo a dar masajes, la están enseñando, aunque no sé quien la enseña ni cuándo, pero lo sé y de hecho a mí, cuando llego a casa me da masajes en el cuello porque llego rota.

Lo que no me gusta es que cuando voy por la calle todos los perros con los que me cruzo se acercan a mí, seguro que notan que yo tengo uno porque los perros se dan cuenta de eso enseguida. A mi me da mucha rabia así que voy a ir al médico para que me de algo y no me pase más.

Sí, mi perrita se llama Blanquiña y no la cambio por nadie.



Dedicatoria: Por y para Nieves.

©Manly




14 de febrero de 2014

14 de Febrero

Llegó el día de San Valentín y un año más le envió un ramo de sus flores preferidas. Esta vez  las rosas llevaban una nota: “Ya pagué mi condena, nada comparado a la que viví contigo antes de dispararte. Continúa pudriéndote en paz”.



©Manly