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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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Pacto






El acuerdo fue claro: ”Yo te pago y tú me cruzas el Mediterráneo”. Por medio estaba el mar que impone sus reglas, un juego en el que nunca pierde.




Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.



SE VENDE




Buscaba piso cuando un anciano me enseñó el suyo.
Era un piso muy antiguo y en muy mal estado donde todas las estancias daban a un mismo pasillo. El hombre me iba mostrando con detenimiento cada una de las habitaciones pero había una en concreto que estaba completamente oscura, sin ningún tipo de luz.
   —Es una habitación ciega —me decía el dueño del piso—, ya sabe, que no tiene ventana.   
La oscuridad en ella era absoluta tanto que ni siquiera se veía el tamaño que tenía.
   —Pase —me decía el dueño,
   —Usted antes — respondía yo,  y ninguno cruzábamos el umbral.
Yo no dejaba de recorrer el pasillo de una punta a otra mirando los detalles del piso pero lo que hacía era reunir el valor suficiente para entrar a esa sala que para mí era ya un enigma. Había en ella una oscuridad envolvente, incluso se  intuía la inexistencia de aire, de tiempo,  y no sé si llevada por el misterio pero al pasar ante ella me sentía observada  y una fuerza me atraía hacia dentro.  
Mi curiosidad iba en aumento y el dueño no dejaba de insistir desde la jamba: “Pase por favor”.
Casi doy el paso para descubrir  el  secreto cuando algo me hizo pararme en seco y  desistir.
   —Me voy, no me interesa  —dije de forma súbita corriendo literalmente hacia la salida del piso y coger escaleras abajo hasta llegar al portal.

Jamás conté el por qué de mi repentina decisión. Ahora lo verbalizo, la última vez que estuve delante del vano de esa habitación, a un paso de esa oscuridad que traspasaba la piel de quien la miraba  escuché cómo alguien desde dentro,  de forma lastimera susurraba: “Yo sólo pretendía comprar el piso”.







Texto y fotografías de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Con alevosía




Me tengo prohibido los recuerdos, pero hoy éstos me tendieron una emboscada y caí inocentemente.
Me los prohíbo no por malos sino por buenos.
Mi infancia fue un derroche de cariño, de felicidad, tanto que me pregunto si haber sido tan feliz es cometer pecado y debo cumplir por ello penitencia.

Primero fue el letrero de un escaparate que decía: “Mapa mudo”, después una bamba en una confitería y más tarde una maceta de jazmín. Imágenes tan simples como éstas me llevaron a tardes antiguas, tardes  de meriendas en una cocina de azulejos blancos y  mesa azul. Me llevaron a un patio sevillano con niñas jugando a la comba y agua calentándose al sol. A una fachada encalada con un portón donde una mujer vestida de negro esperaba. A olor a plumier de madera y goma de Milán. A cromos, a viejos cuentos que nacían de noche, a canciones de payasos. Me trajeron conversaciones conocidas,  sensaciones familiares…, y ahora escribiéndolo vuelvo a irme lejos.

No volverá a ocurrir.
No dejaré que el pasado de nuevo me sorprenda.






Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.



Y desde allá...







Y desde allá lejos una casa me miraba por su ventana.






Fotografía y texto de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

La parca






Una noche más cubría  guardia en la residencia. Tenía que estar muy pendiente, hacía mucho  que no fallecía ningún anciano.
Avanzando por el pasillo sentí que un poco más atrás alguien caminaba. Debía de ser ella. Temerosa no quise girarme hasta llegar al control de enfermería. 
Allí estaba como de costumbre, ataviada de negro, con la cara oculta. Esta vez decidí observar en silencio  en qué habitación entraba.  Dejó atrás la 403, la 404, la 405..., hasta llegar frente a mí. Me miró  a los ojos, por primera vez le vi la cara. Con resignación solté  todo lo que llevaba y le di la mano.





Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Abrió...




Abrió la ventana y conoció el color






Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Mi ausencia



Desde el  asfalto me pregunto qué será de la playa sin mi.
¿Sabrán las olas volver a la orilla en su marea? ¿Sabrá el horizonte donde hacer hueco para que el sol se oculte?
Dejé las pautas en la arena, espero que la brisa no lo haya borrado.




Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Suculenta







Hace unos días entré en una tienda de plásticos y vi unas macetitas muy  monas  que semejaban a cactus, con las mismas compré una, era tan chiquitita y por un euro que me dije: “Esta me la llevo yo y la pongo en el estante”.  

Dos días después  aquí mismo sentada, donde estoy ahora, escuché una voz, casi un murmullo,  que decía: “Tengo sed” me giré y cuál fue  mi sorpresa cuando vi que la voz provenía de la maceta. Si, era la maceta quien me hablaba.

—Pero bueno, si yo creía que eras de plástico  —le  dije.

—No, no, yo tengo  raíz.

—Pues vaya tela porque recuerdo cuando te compré  que te envolvieron en un papel cutre y te metí en el bolso como si fueras un objeto.

—Lo sé, de hecho estuve a punto de morir entre tanto golpe de bolígrafos, carpetas y demás cosas que llevas en él.  

—Pues nada, te regaré.

Cuando volví a echarle un poquito de agua, me dijo que no le llamara cactus, que tenía nombre propio y su nombre era “suculenta”. 

—Bien, bien, lo siento  —me disculpé.

—Tengo temor

— ¿De qué? —le pregunté.

—He visto que el resto de macetas que tienes están  en tu balcón. Temo que a mí, por venir de otro lugar y no de una floristería  me vayas a tratar de forma distinta a ellas.

—No temas,  estaba equivocada contigo no te conocía pero ahora que hemos hablado me doy cuenta de que eres una planta más, con tus peculiaridades que te hacen distinta y eso es precisamente lo que dará más colorido en mi balcón.

— ¿No te importa entonces mi procedencia?

—No.  Serás una más, te daré agua para calmar tu sed y sustrato para que te alimentes. Cuando el sol sea demasiado fuerte te resguardaré para que no te quemes,  y de vez en cuando escucharás como todas las demás plantas  música clásica, os la pongo porque dicen que os ayuda a crecer de forma más vigorosa.
Serás una más porque todas las plantas, vengan de donde vengan, tienen derecho a respirar aire puro y vivir.




Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.


Fuga







Los niños salieron corriendo. Abandonaron sus juegos, sus trastos, sus fantasías…,  partieron en busca de la madurez,   querían encontrarla para conocerla.
Una vez logrado su fin quisieron regresar. Fue cuando descubrieron que en la vida jamás se puede volver atrás.




Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Como pájaro







Una ligera brisa es suficiente contrariedad para que una pluma no concluya su fatal suerte en una libre caída. Y en el sueño de sentirse otra cosa que no es, la pluma vuela como pájaro sintiendo la libertad en todos sus poros.
El sólo encuentro en su viaje con un objeto cualquiera le enfrentará con su inexorable destino.




Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.