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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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Los colores






Dicen que los colores no existen  sino que son sensaciones producidas por los rayos luminosos al impresionar los órganos visuales en función de la longitud de ondas.

Analicemos…“no existen porque son impresiones”. Y digo yo, ¿acaso deja de existir el cariño por ser una percepción, un sentimiento, una impresión  y por ello no poder ser medido o pesado?

¿Quién me puede negar la existencia del color amarillo? Amarillo es el Sol. De color amarillo son los limones, la pared del salón de mi casa. Amarillo es un recuerdo antiguo que tengo de una playa lejana.

¿Cómo podría haber  esperanza si no existiese el color verde? Verde es el campo, y verde las manzanas. Verdes somos todos en la ignorancia. De color verde son mis ojos.

De siempre sabemos que los atardeceres de los enamorados son naranja, los disgustos son negros y la paz es blanca.

Hay colores que nos dan fuerza, otros que nos dan calor, incluso algunos que nos dan grima. Me pregunto qué sería de la vida sin colores. Sería aburrida y apagada, ni siquiera habría pasiones porque para haber pasión tiene que existir el color rojo. Rojo es el fuego y el infierno. Roja la ira y la fuerza, así como la sangre y hasta el corazón. Se ama en color rojo.

La única explicación que encuentro a esta negativa es que los científicos tengan que justificar  su profesión y de ahí que digan estas cosas tan raras.

Pero yo no me lo creo, a mí no me engañan.





Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Caminando






Pareció verle, su cara , sus pequeñas manos,  pero lo atribuyó  a su mente. Si aquél día hubiese sido puntual y le hubiese recogido a la salida del colegio, no hubiese cruzado solo  y ahora caminaría junto a ella.

En las noches de luna llena nunca observó que junto a su sombra, sobre la cal blanca, siempre había otra más pequeña  que le seguía  muy de cerca.





Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Sí o sí






Mi mente se debatía entre dos opciones. Con una de ellas sería el novelista  más leído de todos los tiempos, aunque para ello tuviese que matar al verdadero autor aún inédito. La otra sería seguir viviendo en la penumbra, en la soledad. Era como tener ante mí dos puertas y abrir una de ellas.

Hoy, desde estas cuatro paredes me doy cuenta que mi planteamiento era incompleto: una puerta conducía a la otra.




Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Con mi mano derecha





Con mi mano derecha toqué el horizonte. Toqué la línea que une el cielo con el mar. Me resultó fresca  pero menos suave de lo que esperaba. El caso es que cuando la retiré  la línea había dejado de ser recta, sin duda había apretado demasiado  así que  debía  dejarla como estaba.

Intenté quitar con un cincel lo que excedía de la línea imaginaria pero el cincel se resbalaba. También lo intenté con unas tijeras pero la  curva se escapaba entre las hojas del instrumento. Hasta que me dio por borrar lo que sobraba con una goma,  y claro que lo logré, eso sí,   me quedó un poquito más baja de lo que estaba antes.

Las virutillas que salieron las guardé en mi bolsillo y es por eso que ahora siempre llevo  un poquito de mar conmigo y cuando tengo calor las saco para refrescarme con la brisa que desprenden, y cuando me aburro las cojo y veo cómo el agua se escurre entre mis dedos y otras veces juego con ellas y dejo que su sal  haga cosquillas en mi nariz, o  pongo oído y escucho el golpeteo de las olas contra las rocas…


Estoy pensando en borrar un poco de playa y guardar las virutas en mi otro bolsillo, así  cuando tenga añoranza de ti podré escribir tu nombre en la arena.






Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.


Calor en el parque






Desde el momento en el que le vi por primera vez me cautivó. Su porte, su firmeza al andar. Se acercó y su seducción me envolvió. Nos  fuimos a una zona más  discreta y allí, bajo la sombra de un árbol me dejé amar. Fue el primero de nuestros  encuentros. 
Solo esperaba que fueran las 5 de la tarde para volver a sentirle. Pero a la semana dejó de acudir.

Como fruto de nuestra pasión vio la luz una hermosa criatura que se parecía mucho a él, pero  un día que yo le amamantaba me lo arrancaron de mi seno y  desapareció de mi vida.

Después de unos meses de soledad y desesperación volví a ver a mi amante furtivo,  paseaba por mi calle, yo aún le deseaba. Corrí hacia  él pero estaba muy cambiado, se quedó inmóvil, creo que ni siquiera me reconoció y mientras me preguntaba del porqué del cambio escuché a su dueño decir al mío: “Ya castré a mi perro, te doy la dirección…”






Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.



Promesas






Esperándole dejó pasar varios autobuses. Cuando comprendió que ya no vendría había anochecido y el único que faltaba por pasar tenía como destino la eternidad.





Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.