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Libros que esperan

 




Hay libros que te buscan, que te esperan. Este es el caso.

Andaba por casa y me asomé a una ventana. Desde lejos vi sobre un banco lo que presumiblemente creí ser varios libros. 

Lo digo en voz alta y me dicen: «Eso deben ser revistas, llevan ahí dos o tres días».

Yo, que no discuto, dije: «Después de comer me paso».


Con las mismas bajé y vi que eran dos hermosos libros en pasta dura ilustrados.

La gente de mi barrio se está volviendo loca —pensé de inmediato—. Últimamente, entre las decisiones que toman, los negocios que ponen, los libros que van desechando… esto debe de ser que nos están envenenando con el agua.

Una vez arriba comprobé de forma más detenida que apenas habían sido abiertos alguna vez.



Tres días sobre un banco, desamparados, a pleno sol del día, a la intemperie por la noche, sin que nadie les hiciera caso, sin que nadie les pusiera en valor…

Solo me queda una interpretación: que cuando pasara alguien por su lado, se hicieran invisibles porque me estuviesen esperando a mí. Sí, es una interpretación un tanto fantasiosa (ya sabéis cómo soy). Pero ¿quién me puede probar que no haya sido así?

 

 



Blanco y negro /  David Macaulay /  Planeta Deagostini

Héroes y villanos de la historia  /   Ilustrado por Chris Mould /   Editorial Bruño



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Rumbo al desembarco

 



Os pido disculpas si no he estado mucho por aquí respondiendo a vuestros comentarios, visitando vuestros blogs, dándole más actividad al propio blog Dama de agua... Tengo un motivo que, en parte, me sirve de atenuante: he estado maquetando mi próximo libro a publicar. Encima, Blogger ha tenido problemas y no ha permitido, a nivel global, publicar comentarios. Ha sido la tormenta perfecta.

 

Pues sí, ya estoy con los últimos toques para pedir el libro de prueba, que espero esté rulando a mediados de este mes de septiembre.


Vuelvo al microrrelato, a la esencia de la historia, al mensaje elíptico. Y ahora le doy una vuelta al tornillo y llego al nanorrelato, un reto para el escritor que, en tan solo unas pocas palabras, sintetiza una historia completa.

Relatos breves y brevísimos que abarcan todos los rincones de la condición humana: lo histórico y lo jocoso, la vida y la muerte, el amor y el maltrato, lo cotidiano y lo insólito. Y como ya es mi firma: todos con un final sorprendente.


Estará disponible, como todos mis libros en Amazon, en ebook y pasta blanda.

Ese día os avisaré para celebrar con vosotros mi nueva hazaña, porque no es nada fácil crear, maquetar y publicar un libro cuando se es independiente, es como inscribirse en una yincana sin saber qué te espera al final.

 

Así que, cruzo los dedos, espero que todo llegue a buen puerto y, cuando llegue el momento, os invito a acompañarme al desembarco.

 

Hecho este inciso, continuemos.

 

Traducir o no traducir. That is the question

 



El papel que un traductor tiene en una obra es importante y nada fácil.


Traducir una obra no es trasladar literalmente cada palabra de un idioma a otro. El traductor debe trabajar el contexto, los matices, el tono… Su traducción ha de ser fiel a la obra original transmitiendo tanto su esencia como el estilo del autor. Es decir, debe interpretar lo que lee antes de traducirlo.

Teniendo esto en cuenta, lo extrapolo al microrrelato. En este género cada palabra es elegida minuciosamente, cada coma tiene un propósito. Es un género que pone en evidencia que los sinónimos no existen. 

Lo mismo ocurre con las poesías o la prosa poética, donde el ritmo es parte esencial de la obra.


¿Creéis que es posible traducir un microrrelato o un poema sin perder su esencia?

Yo no.

Por eso todos mis libros están traducidos al inglés salvo “Exprimiendo historias. Microrrelatos” y “Esencia. Una mirada diferente”, mi libro de prosa poética. Porque creo que estos géneros, para disfrutarlos plenamente, han de leerse en la lengua del autor.

 

“La poesía es lo que se pierde en la traducción”, frase atribuida al poeta Robert Frost.

                                                                                                                 

 




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¿Existe la lectura de temporada?

 


gastoninaui


En un principio, pienso que leer se puede leer cualquier libro según te apetezca, pero no deja de ser cierto que yo, sin ir más lejos, no me veo sobre una toalla, en la arena de una playa, leyendo cómo el tacaño Scrooge se sienta junto a una chimenea minúscula para ahorrar carbón.

Hay algo que me dice que, por lo general, hay libros que te apetecen más en una temporada que en otra.

 

👉En Navidad, Mujercitas o Charles Dickens. Que sí, que sí, que sé que soy clásica.

 

👉En Semana Santa, Ben-Hur, o cualquier libro de arte ilustrado sobre el Barroco, con las vidas de los pintores y su trayectoria.

 

👉En abril, mes del libro, qué mejor que leer a Cervantes. Las novelas ejemplares, para variar. O El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, que es una verdadera delicia.

 

👉En primavera, que ya sabemos que la sangre altera, hay que leer poesía y por qué no un libro maravillosamente editado por Lancelot como Cereza roja sobre losas blancas, de Maram al-Masri.

 

👉En verano, cualquier título de la colección de mujeres detectives de Alexander McCall Smith, en el corazón de África, historias frescas y breves. O una relectura: Modelos de mujer, de Almudena Grandes.

 

👉En septiembre que todos nos hacemos enmiendas, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen R. Covey, está claro. Y también un buen libro de cocina para empezar una dieta equilibrada, que los veranos suelen traer malos hábitos alimenticios.

 

👉En noviembre, El burlador de Sevilla, las tradiciones no hay que abandonarlas. Allan Poe, una antología de sus relatos, no me mareo. Drácula, no lo he leído, pero sería buen momento.

 

¿Y vosotros? ¿Tenéis libros que os parezcan más apropiados para una determinada época del año?




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