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La ciudad nunca duerme -Ramón Gallart-

 





La ciudad nunca duerme

Autor: Ramón Gallart

De venta en Amazon


Hay algo que define las novelas de Ramón Gallart: la cercanía de sus historias. Los personajes y sus conflictos podrían formar parte de nuestra propia vida. Historias cotidianas, reconocibles. Esta es precisamente lo que consigue atraparnos de sus novelas. Esta no iba a ser menos.

 

En esta novela, el protagonista se convierte en el eje de un conjunto de historias con personajes y circunstancias muy diferentes: desavenencias de pareja, la responsabilidad de tener un hijo, una vida en la que se pierde la ilusión, alguien que no recuerda su pasado... Aunque cada una de ellas tiene su propio recorrido, todas terminan formando un entramado en el que las experiencias de unos personajes dialogan con las de los demás y contribuyen a construir una visión más amplia de la vida del protagonista.  Por otro lado, todas estas circunstancias muestran las múltiples facetas de las relaciones humanas, con sus dudas, sus dificultades, sus afectos y contradicciones.  

A través de diálogos filosóficos, el autor nos lleva a la reflexión y nos muestra cómo determinadas decisiones, de una manera u otra, terminan marcando nuestras vidas.

Esta capacidad para convertir lo cotidiano en el centro de la novela me recuerda a autores como Rayimond Carver, cuya obra encuentra también en lo corriente y en las pequeñas circunstancias de la vida una fuente de historias.

 

En resumen: una novela con un lenguaje sencillo y una lectura fluida, en la que las relaciones humanas, las decisiones y sus consecuencias se entrelazan para mostrarnos que, detrás de situaciones aparentemente sencillas, siempre hay una historia que contar.

 


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Libros que esperan

 




Hay libros que te buscan, que te esperan. Este es el caso.

Andaba por casa y me asomé a una ventana. Desde lejos vi sobre un banco lo que presumiblemente creí ser varios libros. 

Lo digo en voz alta y me dicen: «Eso deben ser revistas, llevan ahí dos o tres días».

Yo, que no discuto, dije: «Después de comer me paso».


Con las mismas bajé y vi que eran dos hermosos libros en pasta dura ilustrados.

La gente de mi barrio se está volviendo loca —pensé de inmediato—. Últimamente, entre las decisiones que toman, los negocios que ponen, los libros que van desechando… esto debe de ser que nos están envenenando con el agua.

Una vez arriba comprobé de forma más detenida que apenas habían sido abiertos alguna vez.



Tres días sobre un banco, desamparados, a pleno sol del día, a la intemperie por la noche, sin que nadie les hiciera caso, sin que nadie les pusiera en valor…

Solo me queda una interpretación: que cuando pasara alguien por su lado, se hicieran invisibles porque me estuviesen esperando a mí. Sí, es una interpretación un tanto fantasiosa (ya sabéis cómo soy). Pero ¿quién me puede probar que no haya sido así?

 

 



Blanco y negro /  David Macaulay /  Planeta Deagostini

Héroes y villanos de la historia  /   Ilustrado por Chris Mould /   Editorial Bruño



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Rumbo al desembarco

 



Os pido disculpas si no he estado mucho por aquí respondiendo a vuestros comentarios, visitando vuestros blogs, dándole más actividad al propio blog Dama de agua... Tengo un motivo que, en parte, me sirve de atenuante: he estado maquetando mi próximo libro a publicar. Encima, Blogger ha tenido problemas y no ha permitido, a nivel global, publicar comentarios. Ha sido la tormenta perfecta.

 

Pues sí, ya estoy con los últimos toques para pedir el libro de prueba, que espero esté rulando a mediados de este mes de septiembre.


Vuelvo al microrrelato, a la esencia de la historia, al mensaje elíptico. Y ahora le doy una vuelta al tornillo y llego al nanorrelato, un reto para el escritor que, en tan solo unas pocas palabras, sintetiza una historia completa.

Relatos breves y brevísimos que abarcan todos los rincones de la condición humana: lo histórico y lo jocoso, la vida y la muerte, el amor y el maltrato, lo cotidiano y lo insólito. Y como ya es mi firma: todos con un final sorprendente.


Estará disponible, como todos mis libros en Amazon, en ebook y pasta blanda.

Ese día os avisaré para celebrar con vosotros mi nueva hazaña, porque no es nada fácil crear, maquetar y publicar un libro cuando se es independiente, es como inscribirse en una yincana sin saber qué te espera al final.

 

Así que, cruzo los dedos, espero que todo llegue a buen puerto y, cuando llegue el momento, os invito a acompañarme al desembarco.

 

Hecho este inciso, continuemos.

 

Traducir o no traducir. That is the question

 



El papel que un traductor tiene en una obra es importante y nada fácil.


Traducir una obra no es trasladar literalmente cada palabra de un idioma a otro. El traductor debe trabajar el contexto, los matices, el tono… Su traducción ha de ser fiel a la obra original transmitiendo tanto su esencia como el estilo del autor. Es decir, debe interpretar lo que lee antes de traducirlo.

Teniendo esto en cuenta, lo extrapolo al microrrelato. En este género cada palabra es elegida minuciosamente, cada coma tiene un propósito. Es un género que pone en evidencia que los sinónimos no existen. 

Lo mismo ocurre con las poesías o la prosa poética, donde el ritmo es parte esencial de la obra.


¿Creéis que es posible traducir un microrrelato o un poema sin perder su esencia?

Yo no.

Por eso todos mis libros están traducidos al inglés salvo “Exprimiendo historias. Microrrelatos” y “Esencia. Una mirada diferente”, mi libro de prosa poética. Porque creo que estos géneros, para disfrutarlos plenamente, han de leerse en la lengua del autor.

 

“La poesía es lo que se pierde en la traducción”, frase atribuida al poeta Robert Frost.

                                                                                                                 

 




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