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Los libros no suman páginas, suman historias

 





¿Sabéis que los libros guardan historias de quienes los leen? Os cuento…

Hace un tiempo caminaba por mi barrio cuando vi que alguien debía estar vaciando su vivienda y había dejado junto a un contenedor un montón de enseres, entre ellos dos libros. Me faltó tiempo para rescatarlos de las fauces del exterminio.

Al llegar a casa comencé a hojearlos. Nadie se había detenido a revisarlos y encontré entre sus páginas un recibo de gas que me permitió identificar a sus antiguos dueños: una pareja que había decidido unir sus vidas ya siendo muy mayores.
Pero la historia está en el otro libro.

En sus hojas de cortesía alguien había escrito a mano una especie de confesión. Hablaba de la confianza que había depositado en la otra persona y de cómo una fotografía se la había arrebatado. Un texto lleno de tristeza, decepción y desamor, escrito a lápiz, con tachaduras, algunas palabras ilegibles…

Nunca he contado esta historia y lo hago aquí porque jamás sabréis de quién hablo.

Durante meses me pregunté qué hacer con el libro. Por un lado me resultaba emocionante conservarlo, pero al mismo tiempo me hacía sentir que estaba guardando algo demasiado íntimo que no me pertenecía. He estado así varios meses hasta que decidí, por falta de espacio en casa, quedarme solo con los libros especiales —los que me regalan, los dedicados, los que releo…—Entonces supe que este también debía quedarse. Porque este libro no es solo una novela de Almudena Grandes, es también testigo y sustento de otra historia muy real.



Compramos, rescatamos libros de segunda mano buscando la historia que escribió un autor, pero sin saberlo nos llevamos también un fragmento de la vida de quien lo leyó antes. Un subrayado, una dedicatoria, una flor seca, un billete de tren… o como es este el caso: el rastro emocional de una persona.

Soy incapaz de abandonar un libro a su suerte porque los libros son seres vivos, son seres que crecen con la huella que deja cada lector.


Manuela_ferca


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Reto literario -Lámpara-

 

Autor desconocido



RETO  UNA  IMAGEN,  UNA  HISTORIA




Participación:


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Comienzo yo...


Manuela Fernández  -Dama de agua-

El hombre pensante

Al principio pensaba en horario laboral. Más tarde, también fuera del trabajo. Con el tiempo, pensar se le volvió un vicio compulsivo. Decidió parar. Se quedó con la mente en blanco, fijó la vista en el suelo. Pero el suelo tenía grietas, polvo...  y de cada detalle nacía otro pensamiento.



Noxeus -El país de Nox-

La búsqueda interior del genio
En la quietud de un espacio minimalista, un hombre sin rostro se sienta en un simple taburete blanco. Donde debería estar su cabeza, emerge un resplandor dorado y cálido. Su mano, alzada en un gesto de contemplación, casi toca la luz que lo define. Puede que no solo sea una escena surrealista; sino una metáfora de la creatividad y la introspección. El contraste entre la textura suave de su camisa color melocotón y la fría transparencia del cristal, junto con la iluminación suave que se dispersa por la habitación, crea un momento de paz e invención, donde la idea no solo está presente, sino que es el individuo. Una poderosa visualización de la mente iluminada en medio del silencio. Una idea a punto de florecer.



Onminayas -Las palabras insolentes-

La luz de la ausencia

Cuando le invadía la nostalgia, Él se refugiaba en la penumbra del altillo, buscando aislarse, en absoluto silencio; sobre todo cuando su cabeza amenazaba con estallar. Desde que Ella se marchó, sus pensamientos se habían vuelto un desordenado y doloroso enjambre. No florecían pensamientos lógicos en su cabeza: solo un dolor incandescente que le abrasaba por dentro, proyectando contra las paredes vacías de la habitación el recuerdo de su último abrazo. Intentaba apagar aquella desoladora luz, taparla con las manos, pero el amor —y sobre todo el desamor— es una energía que no puede destruirse... solo se transforma en una insoportable y lacerante soledad.




Campirela_ -Campirela-

Él no lo sabía, tenía la luz en sus manos, estás le quemaban ,pero no con heridas, sino formando unas lineas que formaban la forma de un mapa.
En la palma de su mano izquierda unos números romanos eran una fecha del pasado .
Aquello luz destellaba, su mente naufragaba entre colinas y ríos y allá bajo la ladera otra luz más potente con sus señales le llamaba.
Al despertar, se dió cuenta, que aquella luz que brillaba eran ideas confundidas en paisajes ya vividos, donde desde un plano onírico se repetían una y otra vez en su frágil y deteriorada mente.




Carlos Augusto -La joroba del camello-

Observo que es una calca, a pesar de suconcepción contemporánea, de la escultura del hombre pensante del escultor franc és, Augusto Rodin. Pero yendo más allá, y el sentimiento del autor, al realizar esta obra, quiso hacer una especie de denuncia en lo que se convertirá el ser humano, en el futuro: una red de circuitos.






Es en el uso infinito de la letra con sus recursos donde brilla tu escritura, Manuela, en mi opinión. "solo un dolor incandescente que le abrasaba por dentro.






Me senté a pensar en una nueva historia para publicar, y no se me ocurrió nada. Pasé horas dando vueltas y más vueltas, pero el resultado solo eran ideas vagas que quedaban desechadas al momento. Tras perder la tarde sin escribir una línea, lo dejé. Decepcionado salí al exterior para dar un paseo y refrescarme. No volví a acordarme del relato cuando volví las ideas empezaron a salir como churros.





José Antonio López Rastoll -El mirador-

PARADOJA
Al descubrir su propia mortalidad, dejó atrás la infancia y empezó a vivir con la curiosidad de un niño.





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Un abrazo lo puede todo -José Antonio López Rastoll-




UN ABRAZO LO PUEDE TODO

José Antonio López Rastoll

Blog literario: El mirador

 

Colección de 16 relatos en los que las historias comienzan en lo cotidiano y, sin explicación aparente, se vuelven extrañas e inquietantes, haciéndolo de forma abrupta, sin gradación, y sin que los personajes se alteren, como si para ellos fuese normal este cambio de lo racional a lo inexplicable. Muchas veces con un toque de humor negro e ironía.

Me ha llamado mucho la atención el estilo del autor. Tan personal que he entrado a su blog literario para indagar un poco más sobre su narrativa.  Se ve que para publicar le ha dado muchas vueltas y ha dejado atrás ciertos recursos literarios en favor de otros.  Esto ya denota evolución e interés en su proceso de publicación.

Su lenguaje siempre es claro y directo, tanto que a veces los hechos parecen quedar en párrafos sueltos o no terminan de explicarse. Yo, como lectora, agradezco la falta de adornos, para mí la sobriedad siempre aporta fuerza al texto.

Es una lectura ambigua en la que los relatos no presentan una trama desarrollada en sentido tradicional sino que muchas veces parecen ser planos. Entiendo que para el autor, lo relevante no es tanto la evolución de los acontecimientos como el mensaje implícito que construye de forma interna. En su universo, en el de sus personajes, lo imposible y lo irreal forma parte de la vida cotidiana. Puede ser por eso que sus personajes no se asombran cuando la irrealidad se cruza en su camino.

Los finales suelen ser más emocionales que cerrados, en un principio pareciera que faltase la cadencia final, pero podría tratarse de una decisión consciente del autor, que concibiera el relato como una captura o escena fotográfica y no como una consecución de hechos.

 

En definitiva, es un libro interesante que requiere una lectura atenta, que se aparta de los esquemas convencionales e invita a la reflexión

 

Pero hablemos con el autor…

 

 

 

—¿Cuando escribes tienes en mente provocar una emoción concreta en el lector o prefieres que cada persona interprete y sienta cosas distintas según su experiencia?

 —Te diría que el cuento es un mecanismo de relojería donde todas las piezas deben ocupar su espacio para lograr una emoción concreta, y eso intento lograr a golpe de martillo y cincel. Sin embargo, en la práctica, la imaginación de los lectores desborda cualquier previsión y no pocas veces me sorprende que cada cual hace suyas las historias.

 


—¿Hay alguna imagen o escena recurrente cuando empiezas a crear una historia?

 —Los escritores somos un poco médiums. Mensajeros en mobilete entre dos mundos, el onírico y el real. La vida cotidiana está llena de agujeros por donde, de pronto, se cuela la ficción. Y entonces entras en un pequeño trance (nada de poner los ojos en blanco). Tú ya no eres tú y necesitas contar lo que has visto o, mejor dicho, intuido.

 

—¿Crees que la literatura debe transmitir un mensaje o puede ser solo entretenimiento?

 —Obviamente, lo ideal es una mezcla de ambas cosas. La profundidad de Rosa Montero, por ejemplo, no está reñida con la diversión que nos proporcionan sus novelas.

 

—¿Escribes por disciplina diaria, por momentos de inspiración o simplemente cuando la vida te lo permite? 

 —Nunca me han funcionado los horarios ni las obligaciones. Como te he dicho antes, soy un mero recipiente que se desborda cuando está lleno. Raro es el día que no escribo un rato, pero también procuro vivir en el mundo que me rodea, informarme y empatizar con los problemas de los demás.

 

—En algunas de tus historias haces mención a la pandemia que sufrimos. ¿Crees que este periodo cambió tu forma de escribir y, en concreto, el modo en que lo irreal se incorpora de forma súbita en la vida de tus personajes?

 —Totalmente. De hecho, hay tres cuentos de "Un abrazo lo puede todo" escritos durante la pandemia: "Compañeros de piso" (confinamiento), "La casa" (desescalada) y "Avalancha" (nueva normalidad). Aquella época fue el reino de la irrealidad y, si bien en lo fundamental mi estilo sigue siendo claro y directo —con una ironía marca de la casa—, creo que se ha contagiado de cierta gravedad. Como en el poema de Gil de Biedma, la vida va en serio.

 


—¿Qué te lleva a escribir relato y microrrelato en lugar de novela?

 —Creo que el género es lo de menos, aunque haya escritores que sigan midiéndose el tamaño. Importa escribir una buena historia. Ahora bien, siempre me he sentido a gusto en las distancias cortas. Hombre de pocas palabras, supongo.

 


—Hablemos de la IA ¿Cómo te hace sentir la presencia de la inteligencia artificial en un ámbito tan humano como la escritura y, en este contexto, crees que debe importarle al lector si un escritor ha utilizado inteligencia artificial en la creación de su obra?

 —Yo utilizo internet para documentarme y, a veces, cuando no me viene una palabra, le pregunto a la IA. Sin embargo, siempre he sido muy autodidacta. Mis textos son cien por cien míos, con sus aciertos y sus errores. Me cuesta, por ejemplo, acostumbrarme a los cambios que hacen los correctores editoriales (la mayoría estupendos; alguno discutible). Aunque admiro su trabajo, es como que te cambien los muebles de la casa de sitio. Llámame filólogo maniático.

 


—Por último, ¿qué expectativas tienes en el mundo de la literatura?

 —Yo no me dedico a esto por dinero o fama, sino porque me hace feliz. El mejor premio que puedo recibir es la complicidad del lector.




José Antonio López Rastoll,  un relatista a tener en cuenta.


Manuela_ferca

 




 

El poder de una buena portada

 




El lector debe intuir el contenido de un libro con solo mirar la portada.

En ese primer vistazo debería quedar claro el género, tono y a quién va dirigida la obra. Si no lo hace, el libro parte con desventaja.

Sé que para muchos autopublicados no siempre es posible contratar a un diseñador profesional.
Por eso muchos recurren a fotografías propias y bancos de imágenes.


La consecuencia es que se ve poco profesional: títulos difíciles de leer, imágenes de baja calidad…

Publicar una obra con una portada descuidada es un error enorme: puede hacer que el lector ni siquiera se acerque al libro.



Errores que suelo ver en algunas portadas:

—Textos poco legibles.

—Imágenes poco nítidas.

—Carátulas recargadas.

—Títulos y subtítulos excesivamente largos.

—Contraportadas que cuentan demasiado.

—Carátulas que siguen tendencias sin personalidad propia.



Una mala portada no convierte un libro en mala obra, pero sí puede alejar al lector a que lo descubra.


Manuela_ferca