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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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La verdad de Cenicienta

 






“Microrrelatos: fan fiction

Este es el reto propuesto en el Tintero de oro, un blog que si no conocéis os lo recomiendo.

Una fan fiction viene a ser una obra basada en otra ya famosa o en un personaje popular, generalmente versionada por un fan de dicha obra o personaje. Si vais al enlace del blog Tintero de oro, veréis que allí lo explica de manera amplia y clara.

Por no extenderme paso a transcribir mi propuesta al reto, una fan fiction en forma de relato con un máximo de 250 palabras.


 Espero que os guste…



La verdad de Cenicienta

 

La historia de Cenicienta todos la conocéis. Pues bien, quiero denunciar públicamente que es una Fake New.

Yo conocí a esa muchachita llamada Cenicienta y aseguro que para nada es como se la pinta. La verdad es que desde pequeña fue una niña engreída y egoísta. Siempre tenía que ser el centro de atención y para ello sabía victimizarse, así conseguía que todos la vieran como la buena y poco menos que una esclava. 

Pero lo cierto es que su vida fue de lo más cómoda: horario de trabajo de ocho horas y libre domingos y festivos —distinto es que ella no quisiera salir de paseo y prefiriese estar en casa hablando con los ratones—. Los electrodomésticos siempre fueron  de alta gama, tenía robot de cocina, vitrocerámica de inducción, secadora con programa de no planchado…, vamos, que no se deslomaba, y en cuanto a la compra la hacía on line a Carrefour. 

Pero ella quería más, quería ser la reina y se las valió para casarse con el príncipe, eso sí, a base de engaños ¡La carroza era una calabaza!

¿Que cómo sé todo esto? Porque soy su madrastra. Por cierto, aprovecho la ocasión para lanzar un anuncio y que lo hagáis viral:

Se busca hombre apuesto y adinerado, muy mayor, lo más mayor posible, con apellidos de abolengo y que se codee con la “jet set”. Yo le ofrezco cariño y compañía. ¡Ah! imprescindible que no tenga hijas, ya aporto yo las dos mías.






Texto de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

FELIZ AÑO NUEVO

 


FELIZ AÑO 2022

 

Os deseo a todos un Nuevo Año repleto de salud, de felicidad, de trabajo… Un año distinto a lo que últimamente estamos acostumbrados, a ver si puede ser que en este alcancemos la normalidad.

Yo volveré sobre el día diez, por mucho que intento alargar los días llega un momento en el que no dan más de sí. En esto le aventaja Twitter que desde el bus, en el ascensor… puedes interactuar. Pero este blog, “dama de agua”, resistirá y seguirá siendo un lugar de encuentro para esta comunidad que hemos llegado a tener y de la que estoy muy orgullosa, una comunidad que se va ampliando sigilosamente con amigos, compañeros de blog, a los que recibimos con los brazos abiertos.  Cuento con vosotros para seguir adelante en este 2022.

Lo dicho, os deseo un FELIZ AÑO 2022

 

 


¡FELIZ NAVIDAD!

 




Hace muchos años, según caminaba de regreso a casa después de un largo día de trabajo, vi de lejos un escaparate de una tienda muy pequeñita que me llamó la atención. Es una tienda muy antigua —tanto como exquisita—. Estaba decorada con motivos de navidad.

Crucé hacia ella como quien le llaman por su nombre y acude.


El escaparate lucía con cajas redondas, lazos, bombones, sedas, bolas, luces… y un ángel. A mí me encantan los ángeles y ante mí se presentaba uno que me resultaba precioso. Pequeño, con un traje largo y pomposo de terciopelo rojo, y una trompeta dorada en un brazo.

Cada vez que pasaba por allí, cruzaba de acera para ver de cerca al ángel. Dudaba comprarlo porque cuando se trabaja mucho para poder cobrar a fin de mes, cuesta también mucho gastarlo y al fin y al cabo era una figurita, por cierto, la tienda no es nada barata, ¡Nada! Total, que me tentaba entrar a por él, pero como nunca he querido ser caprichosa me retenía. Hasta que me dije que en cuanto mi trabajo diera rendimiento entraría y me lo llevaría a casa.

Pronto llegó ese día. 

—Hola, quería ese ángel que tienen en el escaparate.

—¿Este?

—Sí.

Cuando lo tuve en la mano, me di cuenta que los faldones del ángel escondían un montón de onzas de chocolate en forma de pajaritas.

—¿Se lo envuelvo de regalo?

—Sí.

Aún conservo, por supuestísimo, ese ángel, es el que ilustra este post.

Este ángel era un sueño que yo tenía y se hizo realidad. 

Hay sueños de todos los colores. Hay sueños blancos como los de los niños por los juguetes de navidad; los hay violetas como los de los enamorados por alcanzar un beso; los hay verdes, si, de esos no hablo.

También los hay de todos los tamaños. Los hay grandes, como el sueño de un artista por pasear por la alfombra roja de Hollywood; pequeños, como los sueños de saltarse la dieta un día y comerse un plato de patatas fritas con huevo y chorizo; e inmensos como abrir una escuela en un país del tercer mundo.

En común tienen que son ilusiones. Una ilusión es lo que da impulso a comenzar el día, a levantarse, a ir hacia delante, a trabajar…

La ilusión, sea como sea esta, de cualquier tamaño y color, es el motor de la vida y de ahí lo necesario  que es que todo el mundo tenga una y quien no la tenga se la invente.

 

Hoy os traigo este sueño mío —rojo, pequeño— que un día tuve. Con él deseo, de corazón, que se hagan realidad los vuestros. Eso sí, tendréis que luchar por ellos, un sueño no es un milagro, pero no os apuréis, aquello que dijo Coelho en el Alquimista: “Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas” os puedo asegurar que es cierto. Hacedme caso, yo no os miento.

 

Os deseo unas felices fiestas, que transcurran en paz y sosiego y si puede ser con unas risas mejor que mejor. Eso sí, tened cuidado con el virus, es peligroso e invisible. 





Texto y fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.




 

 

Reflexión de un felino

 



De pequeño fui feliz. Según crecía iba conociendo la crueldad sobre mí, la sinrazón a mi alrededor. De adulto pienso que, de seguir viviendo con los humanos, de las siete vidas me sobran seis.



Texto de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

Ilustración de Dmitry Solodovnikov.