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Releer para descubrir


 

“Un libro verdaderamente grande debe leerse en la juventud, de nuevo en la madurez y una vez más en la vejez, como un bello edificio debe contemplarse a la luz de la mañana, al mediodía y a la luz de la luna.”

-Robertson Davies-

 

 Lo mejor que puede ofrecer un libro es que podamos volver a él y encontremos algo nuevo.

El libro es el mismo, pero nuestra experiencia vital y literaria actúa como filtro y lo que una vez pasó desapercibido, años después se revela ante nosotros.  

Un buen libro no se queda en la superficie. Nos traspasa y deja su huella dentro.

Los libros no cambian, cambiamos nosotros.

¿Te ha pasado alguna vez? ¿Has releído un libro en distintos momentos de tu vida y has sentido que ya no era el mismo, o mejor dicho, que tú ya no eras el mismo?




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Más difícil todavía -Manuela Fernández

 



Por fin llegó el día. Mi nuevo libro ya está a la venta.

 

 Más difícil todavía. Microrrelatos y nanorrelatos

 

Como véis todo ambientado en un circo. ¿ Y por qué?, os preguntaréis.

 

Porque con esta publicación he querido reivindicaar la esencia del microrrelato.

Un micro es, ante todo, una historia. Si no cuenta una historia, ya sea de manera textual o  elíptica, no es un micro.

Si a esto le unimos  que su número de palabras es limitado, tenemos la dificultad propia del género.

 

Pues bien, al igual que en un circo el maestro de ceremonias anuncia: «¡Más difícil todavía!», en este libro sucede lo mismo: el número de palabras va disminuyendo hasta desaparecer.

 

167 palabras
106
60
10
0

 

Todo un desafío.

 


Más difícil todavía. Microrrelatos y nanorrelatos

Disponible en Amazon, en ebook y pasta blanda. Gratis en Kindle Unlimited.

https://www.amazon.es/dp/B0HLPFGXLP  



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La ciudad nunca duerme -Ramón Gallart-

 





La ciudad nunca duerme

Autor: Ramón Gallart

De venta en Amazon


Hay algo que define las novelas de Ramón Gallart: la cercanía de sus historias. Los personajes y sus conflictos podrían formar parte de nuestra propia vida. Historias cotidianas, reconocibles. Esta es precisamente lo que consigue atraparnos de sus novelas. Esta no iba a ser menos.

 

En esta novela, el protagonista se convierte en el eje de un conjunto de historias con personajes y circunstancias muy diferentes: desavenencias de pareja, la responsabilidad de tener un hijo, una vida en la que se pierde la ilusión, alguien que no recuerda su pasado... Aunque cada una de ellas tiene su propio recorrido, todas terminan formando un entramado en el que las experiencias de unos personajes dialogan con las de los demás y contribuyen a construir una visión más amplia de la vida del protagonista.  Por otro lado, todas estas circunstancias muestran las múltiples facetas de las relaciones humanas, con sus dudas, sus dificultades, sus afectos y contradicciones.  

A través de diálogos filosóficos, el autor nos lleva a la reflexión y nos muestra cómo determinadas decisiones, de una manera u otra, terminan marcando nuestras vidas.

Esta capacidad para convertir lo cotidiano en el centro de la novela me recuerda a autores como Rayimond Carver, cuya obra encuentra también en lo corriente y en las pequeñas circunstancias de la vida una fuente de historias.

 

En resumen: una novela con un lenguaje sencillo y una lectura fluida, en la que las relaciones humanas, las decisiones y sus consecuencias se entrelazan para mostrarnos que, detrás de situaciones aparentemente sencillas, siempre hay una historia que contar.

 


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Libros que esperan

 




Hay libros que te buscan, que te esperan. Este es el caso.

Andaba por casa y me asomé a una ventana. Desde lejos vi sobre un banco lo que presumiblemente creí ser varios libros. 

Lo digo en voz alta y me dicen: «Eso deben ser revistas, llevan ahí dos o tres días».

Yo, que no discuto, dije: «Después de comer me paso».


Con las mismas bajé y vi que eran dos hermosos libros en pasta dura ilustrados.

La gente de mi barrio se está volviendo loca —pensé de inmediato—. Últimamente, entre las decisiones que toman, los negocios que ponen, los libros que van desechando… esto debe de ser que nos están envenenando con el agua.

Una vez arriba comprobé de forma más detenida que apenas habían sido abiertos alguna vez.



Tres días sobre un banco, desamparados, a pleno sol del día, a la intemperie por la noche, sin que nadie les hiciera caso, sin que nadie les pusiera en valor…

Solo me queda una interpretación: que cuando pasara alguien por su lado, se hicieran invisibles porque me estuviesen esperando a mí. Sí, es una interpretación un tanto fantasiosa (ya sabéis cómo soy). Pero ¿quién me puede probar que no haya sido así?

 

 



Blanco y negro /  David Macaulay /  Planeta Deagostini

Héroes y villanos de la historia  /   Ilustrado por Chris Mould /   Editorial Bruño



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