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Cuentos fantásticos -Benito Pérez Galdós-

 




Cuentos fantásticos

Benito Pérez Galdós

 

Cuentos donde Galdós se aparta de esa crítica social a la que nos tiene acostumbrados para adentrarse en un tipo de relato propio de su época donde lo absurdo exploraba lo inesperado, lo irracional, situaciones fuera de toda lógica que no se resolvían sino que se reafirmaban a lo largo de todo el texto.  

 

Realismo y simbología en una narrativa cargada, espesa. Con un detallismo que envuelve al lector en atmósferas densas. Un lenguaje que se apoya en imágenes sensoriales: sonidos, olores y en momentos poéticos, como en el relato “Una industria que vive de la muerte; episodio musical del cólera

 

Historias que juegan con la percepción del lector, difuminando los límites entre lo real y lo imaginado. La ironía y la sátira aparecen de forma sutil, mientras una sensación de tristeza y melancolía recorre la obra completa. Especialmente menciono el relato: “La mula y el buey”

Una invitación a la  inquietud y a la reflexión.

 

 

¿Lo habéis leído?

Puente literario

 




Un libro es un puente que une al escritor con el lector, un sendero mágico que nos acerca a mundos desconocidos.


Cada paso es una página, un recorrido a través de los pensamientos del autor, un intrincado laberinto de historias.


En este laberinto literario, cada lector encuentra su propia salida, una comprensión única y personal para cada obra.



Consejos prácticos para escribir un relato

 


Ilustración: Vilkasss en Pixabay


Nunca doy consejos, pero después de leer cientos de relatos, voy a dejar aquí algunas consideraciones por si os pueden valer.


—Cuando tengas escrito el relato, cambia el principio, elimina el comienzo, las primeras frases, la primera escena… Intenta comenzar por un momento en tensión (se llaman in media res) o por lo que sentía el protagonista… desde luego nunca por qué tiempo hacía.


—Los finales han de ser redondos, el lector tiene que finalizar la lectura sabiendo que es el final, no solo porque se acaben las palabras, no porque haya un punto final. El final de un relato tiene que sonar a cadencia, incluso los finales abiertos.


—No te saques el final de la manga, el final debe ser consecuente a la historia. Incluso la narración más inverosímil debe tener coherencia interna. Olvídate del: “Y se despertó”. Si es un relato donde haya un misterio, la resolución tiene que entreverse en el transcurso del relato, tienes que dar pistas de forma que el lector las vaya percibiendo, lo contrario es hacer trampas y eso un lector nunca lo perdona. No debe.


—Vigila las coletillas, algunas porque son de mucho uso, hay que huir de los clichés; otras porque somos nosotros personalmente quienes las utilizamos en demasía. Elimínalas, no tengas piedad de ellas.


—Los diálogos tienen que llevar información. Sirven para que el lector respire, para aligerar la lectura, para afianzar la personalidad de cada personaje, para situarnos en la escena, en la trama... “Hola cómo estás”, es absurdo. Por cierto, no olvides algo, un relato lleva pocos personajes.


—Deja dormir el manuscrito y no lo vuelvas a leer en unos días. Y cuando lo releas, anota lo que te sacuda, lo que te rechine… eso es lo que hay que corregir.


—Nunca tardes en escribir un relato más de dos semanas, si es así, es mejor dejarlo varios meses y retomarlo de a una.

 

Y por último: sáltate estas reglas, sé transgresor y crea tu propio estilo.

 

©Manuela_Ferca

 

Evita, Ena la novela -Dos formas de acercarse a la historia-

 



Evita -Ernesto Frers-

Ena, la novela -Pilar Eyre-

 

 

El comienzo de Evita, de Ernesto Frers, es tremendo. Abren el féretro de Eva Perón. Desde ahí, el relato nos arrastra al pasado. Ya en el inicio el autor advierte que se trata de una historia novelada, que no hay que buscar datos exactos ni rigor académico.  

 

Ena, la novela, de Pilar Eyre, comienza en un momento en el que Ena, Victoria Eugenia de Battemberg, esposa de Alfonso XIII, es consciente de la infidelidad de su marido. Desde ahí se abre paso el recuerdo. Recuerdos a los que se le une una avalancha continua de datos, fechas, nombres, árbol genealógico, una acumulación de información que acaba por desorientar al lector y saturarlo.

 

Evita, mantiene una coherencia clara, una línea narrativa firme que no se quiebra.

Ena, en cambio, construye el texto a base de saltos, algo que se percibe incluso en su adaptación televisiva: escenas que aparecen como fragmentos aislados, sin una continuidad sólida.

 

En la obra de E. Frers, la vida de Eva Perón se muestra íntimamente ligada a la de Perón; su fuerza y su valentía se entienden en relación con él, como un motor que le empujara.

El cierre de la obra resulta especialmente bueno, un cierre con una cadencia precisa y acertada.

Al terminar el libro, la figura de Eva queda nítida: sabes quién fue, cómo era y cuál fue su trayectoria.

 

Con Ena ocurre lo contrario. Entre historias secundarias, personajes más allá de secundarios, costumbres y curiosidades, la figura de Ena se diluye y se desdibuja.

 

No digo que una obra sea mejor que la otra, solo señalo las distintas maneras de abordar una biografía novelada.

 

Al final, ambos libros se quedan en mi biblioteca. Evita, porque como biografía novelada cumple con creces su función; Ena, la novela, por su valor editorial. Una edición elegante, de portada sobria, las fotografías antiguas que contiene… una maravilla de libro.