“Un libro verdaderamente grande
debe leerse en la juventud, de nuevo en la madurez y una vez más en la vejez,
como un bello edificio debe contemplarse a la luz de la mañana, al mediodía y a
la luz de la luna.”
-Robertson Davies-
El libro es el mismo, pero nuestra experiencia vital y
literaria actúa como filtro y lo que una vez pasó desapercibido, años después se
revela ante nosotros.
Un buen libro no se queda en la superficie. Nos traspasa y
deja su huella dentro.
Los libros no cambian, cambiamos nosotros.
¿Te ha pasado alguna vez? ¿Has releído un libro en distintos
momentos de tu vida y has sentido que ya no era el mismo, o mejor dicho, que tú
ya no eras el mismo?
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