El papel que un traductor tiene en una obra es importante y
nada fácil.
Traducir una obra no es trasladar literalmente cada palabra
de un idioma a otro. El traductor debe trabajar el contexto, los matices, el
tono… Su traducción ha de ser fiel a la obra original transmitiendo tanto su
esencia como el estilo del autor. Es decir, debe interpretar lo que lee antes
de traducirlo.
Teniendo esto en cuenta, lo extrapolo al microrrelato. En este género cada palabra es elegida minuciosamente, cada coma tiene un propósito. Es un género que pone en evidencia que los sinónimos no existen.
Lo mismo ocurre
con las poesías o la prosa poética, donde el ritmo es parte esencial de la obra.
¿Creéis que es posible traducir un microrrelato o un poema sin
perder su esencia?
Yo no.
Por eso todos mis libros están traducidos al inglés salvo “Exprimiendo
historias. Microrrelatos” y “Esencia. Una mirada diferente”, mi libro de prosa
poética. Porque creo que estos géneros, para disfrutarlos plenamente, han de
leerse en la lengua del autor.
“La poesía es lo que se pierde en la traducción”, frase
atribuida al poeta Robert Frost.

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