Más allá de calabazas, calaveras y telarañas, en estos días, un clásico
vuelve a la memoria de los amantes de la literatura:
«¡Cuál gritan
esos malditos!
¡Pero mal rayo
me parta
si en
concluyendo la carta
no pagan caros
sus gritos!»
Sí, lo habéis
reconocido, es el comienzo de la primera escena de Don Juan Tenorio, de José
Zorrilla. Pero hubo otro don Juan, el de
Tirso de Molina.
Mientras el de
Zorrilla se salva en el último instante gracias al amor de doña Inés, en El
burlador de Sevilla es arrastrado al infierno por la estatua del Comendador,
sin tiempo ni para confesarse: «Quien tal hace, que tal pague».
Dos finales
opuestos para un mismo mito.
¿Con cuál te
quedas?
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios serán moderados para mantener un espacio respetuoso y centrado en el tema literario.