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Tras el fin del mundo -Juanma Hinojal-




Tras el fin del mundo

Juanma Hinojal

Terra Ignota Ediciones

De venta en Amazon



En un lugar del mundo, un grupo de jóvenes planean un robo. La novia de uno de ellos se encuentra en arresto domiciliario. En sus planes no entraba una tormenta eléctrica que azotará el mundo.

 

Se diría que la obra se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la calidad de la escritura y la propia trama de aventuras que impulsa el relato.

Efectivamente, esta obra destaca por una narrativa fluida y bien construida. Desde las primeras páginas tuve la sensación de estar ante una obra escrita por alguien que sabe exactamente lo que hace. Dominio que se percibe en la forma de construir escenas y presentar personajes, metiéndonos de lleno en la historia con ese acierto tan difícil de lograr: mostrar en lugar de contar.

La novela va ganando ritmo según avanza, siendo una narración ágil, siempre en movimiento, visual  como si de una película se tratara. Nadie puede poner en duda la imaginación del autor, doy fe.

Aquí no hay que buscar realismo ni reflexión profunda…, sino aventura y entretenimiento, esto lo cumple con creces.  Juanma Hinojal, el autor, apuesta por llevar a los personajes a situaciones límites sin preocuparse por la verosimilitud estricta, llevándolos a vivir escenas exageradas y en ocasiones delirantes. En algunos momentos recuerda a universos como El robo del siglo, Jumanji, Terminator...  Quinientas páginas dan mucho de sí. 

Un ramillete de giros inesperados que mantienen la curiosidad constante con un final a la altura del inicio, que completa y cierra la obra de manera redonda.

En resumen, es una novela destinada a aquellos lectores que disfrutan de los libros de aventuras, con una narrativa sólida que sostiene un viaje imaginativo excesivo en ocasiones, pero indudablemente entretenido.


Pero lo mejor es  hablar con el autor...

 

 

—Mi cabeza ha dado vueltas y vueltas mientras leía tu obra. Es una sensación constante de imprevisibilidad. ¿Buscabas que el lector se sintiera descolocado o surgió al desarrollar la trama?

—Me encanta jugar con el lector. Tengo cierta predilección por historias repletas de clichés, pero adoro darles la vuelta y subvertir las expectativas. Suelo guiarle por un camino para que crea adivinar lo que va a suceder, pero es entonces cuando meto un giro que le sorprende y le deja con ganas de más. A lo largo de todos mis libros, procuro siempre que el final sea del todo inesperado. No obstante, me aseguro de ir dejando pistas, pequeñas miguitas de pan, a lo largo de la novela, para que ese giro final no aparezca de la nada, que el lector vea que siempre estuvo ahí, aunque no pudo verlo hasta que yo quise que lo viera. En el caso concreto de ‘Tras el fin del mundo’, fue precisamente ese giro de timón que se da en el último acto, y que lo cambia todo, lo que hizo que quisiera escribir esta novela. La idea de un libro que narra la llegada del fin del mundo y sus primeros días se me ocurrió a finales del 2019, y claro, antes de comenzar a escribirlo, llegó la pandemia. Para entonces, se me quitaron las ganas de contar una historia del fin del mundo. Pero todo cambió cuando me llegó la inspiración para el último acto. No sólo es que cambie la temática de la trama hasta ese punto. Es que, esa nueva temática versa sobre algo que adoro, y de lo que podría estar hablando horas y horas. Pero como sería soltar un spoiler gigantesco, mejor dejo que el lector lo descubra por sí mismo.

 

 

—¿El “mostrar en lugar de contar” te surge de manera intuitiva y natural o es algo trabajado de manera consciente?



—Nunca me había parado a pensar en ello. Mucha gente me ha comentado que le encanta mi estilo, pero ni yo mismo sabría especificar cuál es o cómo es. Me limito a narrar las historias de la mejor manera posible, tratando de resultarle interesante al lector, que se anime a seguir leyendo capítulo a capítulo. Salvo cosas muy concretas y que tienen una función importante en la trama, no me gusta poner descripciones detalladas o muy amplias. Prefiero aportar los datos esenciales y dejar que sea el lector el que rellene los huecos con su mente. Así, siento que se produce una conexión entre ambos, que el libro no es sólo mío, sino una colaboración entre el escritor y el lector. Cientos de personas pueden leerse ‘Tras el fin del mundo’ y cada una tendrá en su cabeza una versión diferente de la misma historia. Y eso me parece maravilloso.

 

 

—La obra es muy visual, casi cinematográfica. ¿Te influye el cine o construyes las escenas pensando en imágenes?

—Aunque adoro el mundo de la literatura, he de confesar que mi auténtica pasión, desde bien pequeño, siempre ha sido el cine. Antes de comenzar mi carrera como escritor, estuve unos años escribiendo guiones, e incluso escribí y dirigí algunos cortometrajes, y hasta un documental. Por desgracia, el séptimo arte está demasiado limitado por presupuestos y medios, y mi imaginación solía ir mucho más allá de lo plausible, por lo que opté por cambiar mi carrera profesional y centrarme en las novelas, ya que ahí no tengo ningún límite. A la hora de crear mis historias, me las imagino en mi cabeza como si fuesen películas. Veo las escenas, recito los diálogos, construyo los planos… Después, es sólo cuestión de hallar las mejores palabras y frases para plasmar esa “película” que he creado en mi mente. Suelo enfocar cada capítulo como si fuesen episodios de una serie de televisión, casi independientes los unos de los otros, con su inicio, nudo y desenlace, pero formando parte del mismo todo. Así, de igual manera que un espectador conecta cada semana para ver su serie favorita, pretendo que el lector se enganche para querer continuar leyendo hasta el final. En ‘Tras el fin del mundo’ jugué con dividir la trama en dos. Los capítulos se van alternando entre Jeremy y Sam. De esta manera, cuando terminaba en lo más interesante con un capítulo de, por ejemplo, Jeremy, el lector no puede descubrir el desenlace en el siguiente capítulo, puesto que éste pertenece a Sam. Pero tampoco se puede saltar al próximo de Jeremy, porque, quizá, en el de Sam se cuente algo relevante sobre la trama de Jeremy. Al final, tener esta estructura creo que benefició muchísimo a la trama.

 

 

—¿El género de aventuras tiene algún límite en relación con la realidad?

—Me gusta creer que los límites están sólo en nuestra imaginación. Por supuesto, no todo vale. Para que una historia funcione, sea del género que sea, ha de tener sus propias reglas, y éstas han de estar ancladas a la realidad, tal y como la conocemos. De lo contrario, es muy posible que el lector desconecte y lo pierdas. Por eso, es esencial dejar bien claras esas reglas desde el principio. En ‘Tras el fin del mundo’, no basta con poner una tormenta de rayos a escala global que lo destruye todo y a todos. Tuve que establecer una serie de normas sobre cómo funcionan esos rayos, cuándo es más fácil que aparezcan y qué hacer para intentar evitarlos. Así, el lector puede saber o intuir cuándo los personajes están en peligro sin necesidad de que yo se lo diga en cada ocasión. Al final, detrás de toda la pirotécnica, de la aventura, la acción e incluso la comedia, ha de haber un mensaje que dejar al lector, un poso que quede ahí para que la lectura le haya merecido la pena. La ciencia ficción suele ser una excusa perfecta para poner un espejo delante (uno sutil y camuflado) y hacerle ver aspectos que nunca están de más recordar, ya sean personales o de la sociedad en la que vivimos. Aunque prefiero que sea algo secundario y que lo primordial sea que se entretenga y divierta leyendo las aventuras y peligros en que se meten mis personajes. Y de eso va a tener mucho en este libro.

 

 

—Como autor independiente, ¿cuál ha sido el mayor reto a la hora de publicar tu libro?

—Mi nombre. Como nos pasa a la inmensa mayoría de autores, si nuestros nombres no son conocidos, poco importa la calidad de tu obra, porque lo que vende al final, más que cualquier otra cosa, es el nombre. Las editoriales están saturadas de manuscritos, y hacerte un hueco entre todos ellos es una tarea cada vez más ardua. Envías tu novela a un sinfín de editoriales y, de las pocas que se molestan en contestar, menos aún están dispuestas a publicarte, por no hablar de esas respuestas positivas que luego te ofrecen condiciones intolerables. A veces, uno siente que está disparando un montón de balas para ver si, por casualidad, alguna acierta en el blanco. Pero hay que tener mucho cuidado con eso, y asegurarse bien de a qué editoriales se manda el manuscrito, ya que hay muchas que se aprovechan de las ganas de publicar de los escritores para sacarles el dinero. La publicación de ‘Tras el fin del mundo’ se retrasó casi un año respecto a lo que pensaba porque, al principio, firmé con otra editorial, pero, a un mes de la presentación, quisieron que dividiera el libro en dos volúmenes. Estudié la propuesta, pero enseguida me di cuenta de que, al dividirlo en dos, la historia, sobre todo la del que hubiera sido el primer volumen, no hubiera funcionado. Este libro está (y siempre estuvo) pensado para ser una única historia. Por suerte, pude rescindir el contrato y acabé por encontrar a Terra Ignota, con quien he podido llevar a cabo la edición perfecta que siempre soñé.

 

 

—¿Qué importancia le das a las redes sociales en tu carrera como autor independiente?

—Suelo postear bastante en todas mis redes sociales. Cada vez que publico un libro, me pongo bastante “pesao”. Pero creo que es lo normal en estos casos. Aunque procuro ofrecer contenido distinto, divertido y original, para que no canse a mis seguidores. Me gusta poner distintos aspectos del libro, diferentes temáticas. A veces, hablo de los personajes; otras, de algún punto concreto de la trama. Con ‘Tras el fin del mundo’, hasta creé una playlist con todas las canciones que se mencionan en el libro. También hice un tráiler, lo colgué en YouTube y lo compartí por el resto de redes. Y todo para tratar de llegar a un mayor número de personas. Soy consciente de que la mayoría de esas personas lo verán y no mostrarán interés, pero si consigues llegar y llamar la atención de aunque sólo sea una, habrá merecido la pena. Hoy en día, aparte del boca a boca entre amigos y familia, las redes son prácticamente el único medio de llegar a tu público objetivo.

 

 

 

—500 hojas tienen muchas palabras, muchas frases y muchas escenas que escribir y repasar antes de publicar. Teniendo en cuenta la importancia de repasar un manuscrito, ¿en qué momento consideras que está terminado y cuánto tiempo te ha llevado este en concreto, no escribirlo sino repasarlo?

—Podría leer cada capítulo un millón de veces y siempre encontraría alguna frase o alguna palabra que cambiaría. Y no porque estén mal, sino porque un escritor rara vez está satisfecho por completo. Supongo que el síndrome del impostar juega un papel importante en esa percepción. En el caso de ‘Tras el fin del mundo’, me lo tuve que leer cinco veces, y otra de mi lector beta, antes de decidir que el libro estaba lo suficientemente bien y pulido para atreverme a mandárselo a las editoriales. Y, una vez firmado el contrato con Terra Ignota, lo tuve que leer dos veces más antes de que fuese publicado. Llega un momento en el que hay que aceptar que el libro está bien y que tienes que dejarlo volar para que cumpla su cometido y sean otros los que lo juzguen. Yo he dado lo mejor de mí en este libro y, aunque siempre que lo lea, es probable que encuentre alguna frase que cambiaría, no podría sentirme más orgulloso del resultado final.

 

 

 

—¿Qué papel juega la lectura en tu escritura?

—Si un escritor afirma que nunca lee, no te engañes, esa persona no es un escritor de verdad. La lectura es un proceso esencial para ser un buen autor. Creo que este es un oficio en el que nunca dejas de aprender, de mejorar. Por eso, me gusta decir que mi mejor libro siempre es el último que he escrito. Cada día, tengo la costumbre de relajarme después de comer, tumbarme en la cama y leer durante un rato, ya sea un libro físico o digital; no hago distinciones, aunque tenga predilección por el físico. Hay que amar la lectura primero para poder saber después cómo plasmar tus ideas en una página en blanco.



—Para terminar, ¿cómo te gustaría que evolucionara tu carrera de escritor? ¿Te has marcado alguna meta?

—A día de hoy, me conformo con poder seguir escribiendo. Y, para ello, a mis lectores les tienen que seguir gustando las historias que les entrego. Me gusta también variar en esas historias, que la siguiente no tenga nada que ver con la anterior. Me suelo mover dentro de unas ciertas y concretas temáticas, como lo son la aventura, la fantasía, la ciencia ficción o incluso el terror. Por suerte, todos esos géneros ofrecen un amplio abanico de posibilidades. Para cuando tuvo lugar la presentación de ‘Tras el fin del mundo’, acababa de terminar de escribir mi siguiente libro, con una temática de fantasía urbana. Llevará por título ‘La esperanza de los demonios’, y plantea que los seres humanos hemos estado engañados desde el principio de los tiempos, ya que los ángeles siempre fueron los malos y los demonios, los buenos. En la novela, un demonio y una chica humana deben unirse para tratar de revelarle esta verdad a la humanidad, pero no será nada sencillo. Por otra parte, hace unas escasas semanas, comencé a escribir una novela de terror. Aunque ya he jugado un poco con el terror antes, mis historias anteriores tenían además mucho humor negro. Esta vez, quiero que sea un terror serio, que dé miedo de verdad y revuelva los estómagos sensibles. No revelaré nada de la trama, pero adelanto el título, ‘Miedos encadenados’. En cuanto a mi futuro como autor, quién sabe lo que me depara. Pero mientras se me sigan ocurriendo buenas ideas, espero ser capaz de plasmarlas. Añado también que, ahora mismo, una productora de cine se está leyendo ‘Tras el fin del mundo’. Así que, ya veremos si esta apocalíptica historia tiene cabida más allá del ámbito de la literatura y da el salto al audiovisual. Crucemos los dedos.

 

 

—Algo que añadir

—Para terminar, sólo puedo recomendar a los seguidores de tu blog que lean ‘Tras el fin del mundo’. Lo he dado todo por esta historia, me he entregado a ella al cien por cien, y es puro yo. También es mi obra más friki. La he llenado con muchísimas referencias, unas más sutiles que otras, pero animo a todo lector a que trate de encontrarlas y reconocer a qué hacen alusión. Además, pongo como reto que tratéis de adivinar cuál es ese giro de guion que se produce en el último acto, antes de que suceda, claro está. He disfrutado como un niño creando esta historia, y espero que vosotros la disfrutéis tanto o más cuando os sumerjáis entre sus páginas. La novela contiene además a dos de mis personajes favoritos, y estoy seguro de que también lo serán para vosotros. Pero os aconsejo que os deis prisa en leerlo. Tal y como va el mundo hoy en día, en cualquier momento, este libro puede dejar de ser de ciencia ficción y convertirse en uno de historia.

 

 

Juanma Hinojal, un nombre que acabará siendo conocido más allá de cualquier  frontera.


©Manuela_ferca



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