Pocos lectores no conocen El nombre de la rosa de Umberto Eco y quien no ha leído la novela ha visto la película.
Una obra ambientada en la Edad Media, en una abadía donde
una serie de crímenes desencadena una
investigación.
La obra mezcla misterio, historia y filosofía. Reflexiona
sobre la relación entre la fe, la razón y el conocimiento.
Eco plantea una crítica al fanatismo religioso y a cualquier
forma de dogmatismo que intenta controlar o iliminar el saber como instrumento
de poder. En este contexto, la biblioteca laberíntica de la abadía simboliza el
conocimiento oculto y restringido mientras que los libros aparecen como armas
capaces de cambiar el mundo y por eso son considerados peligrosos.
Dice Guillermo de Baskerville:
“No había diablo, no había plan, solo miedo y
estupidez”
El mayor pelilgro para la humanidad no es el diablo, sino el
miedo humano a pensar libremente.
También es una reflexión sobre el destino del propio
conocimiento: aquello que una vez fue valioso peude perderse con el paso del
tiempo. Idea que queda condensada en la frase con la que cierra su novela:
“Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus”
“De la antigua rosa solo queda el nombre; poseemos solo
nombres desnudos”
La rosa simboliza el conocimiento en toda su esencia, algo
que existió una vez, pero que no sobrevive intacto al paso del tiempo. Nadie
puede recordar todo a la perfección, los libros se deterioran o se pierden,
versiones de un mismo hecho, errores de copia en textos…
Umberto Eco nos
invita a reflexionar sobre la relación entre la palabra escrita y la verdad que
pretende transmitir. La rosa fue hermosa, pero con el tiempo esta belleza se
pierde y de ella solo queda su nombre.
Una obra que refleja la búsqueda del conocimiento y de la
verdad, y cómo estos se ven amenazados por el tiempo, la censura y
los intereses humanos.
Y tú: ¿has leído la novela o has visto la película? ¿Qué te
pareció?
.

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