El microrrelato sigue siendo un subgénero desconocido: no
se trata solo de escribir pocas palabras, sino de condensar una historia
completa con impacto propio.
Hace unos días, en otra red social, alguien me aseguraba que
una novela era la unió de muchos microrrelatos enlazados. Después de levantarme
del suelo (sí, me caí después de leerlo) le dije que no, que un microrrelato
tiene entidad propia como lo tiene una novela. Pero continuó la conversación.
Me envió el fragmento que copio a continuación, que yo rápidamente identifiqué
como el comienzo de una novela (a la policía no se le engaña) preguntándome qué
me parecía ese microrrelato…
Fragmento que me enviaron:
“En cierta mañana de octubre de 192., casi a mediodía,
seis hombres nos internábamos en el Cementerio del Oeste, llevando a pulso un
ataúd de modesta factura (cuatro tablitas frágiles) cuya levedad era tanta, que
nos parecía llevar en su interior, no la vencida carne de un hombre muerto,
sino la materia sutil de un poema concluido"
Evidentemente, le dije que eso no era un
microrrelato. Para serlo, debería condensar una historia, minimizar el número
de palabras, dar un giro o un impacto final, tener sentido por sí mismo de
forma independiente…
Pero, para que viera la diferencia, lo transformé en uno. Este fue el resultado:
Microrrelato:
El féretro se iba haciendo más leve sobre nuestros
hombros. Al llegar al cementerio, una ráfaga de aire se lo llevó, como si de un
poema infinito se tratara. Miramos nuestros hombros, solo portábamos un papel
efímero que enterrar.
Para distinguir que sea un microrrelato recuerda que debe ser un texto con pocas palabras, que desarrolle una historia en la mente del lector y que esta deje huella.
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los mensajes que contengan insultos, palabras soeces o sean anónimos no serán mostrados.