Un libro es el único vehículo que existe que no requiere
combustible y no sabe de tiempo.
Con un libro podemos pasar un día de lo más completo sin
movernos de nuestro sofá…
Por la mañana paseamos junto a Elizabeth Bennet por
los alrededores de Longbourn, en silencio, disfrutando de la naturaleza.
Más tarde comemos uvas y vino en una antigua taberna de la
vieja Salamanca, con un lazarillo que nos mira de reojo.
El té de las cinco lo compartimos con el Sombrerero Loco, la
Liebre de Marzo y el Lirón.
Cenamos en el refectorio de una abadía medieval, junto a una
biblioteca laberíntica donde los monjes mueren de forma misteriosa.
Y por la noche dormimos en un cortijo andaluz, mientras
escuchamos cómo Azarías llama a voces a su Milana bonita.
Leer un libro amplía el mundo, lo multiplica hasta el
infinito.
Ya lo dijo Emily Dickinson…
“No hay fragata como un libro
Para llevarnos a tierras lejanas,
Ni corceles como una página
De poesía que salta y brinca.
Este viaje puede hacerlo también el más pobre
sin pagar el peaje de los tributos,
¡qué frugales el carro
Que transporta el alma humana!”

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