Desde hace siglos, hay artistas que firman sus obras no con
su nombre verdadero, sino con uno ficticio: un pseudónimo.
Las razones pueden ser diversas.
En muchos casos se debe, simplemente, al
deseo de separar la vida personal o profesional de la faceta artística, algo
especialmente habitual cuando se tratan de temas controvertidos.
También, con un pseudónimo, se evitan prejuicios relacionados
con el sexo, el lugar de nacimiento, la edad… es decir, evitas
encasillamientos.
Como herramienta de marketing, utilizando un nombre más
pegadizo, o incluso un nombre que se parezca a otro autor exitoso, lo cual
conlleva el peligro de demanda, como es lógico.
Si tienes una comunidad lectora acostumbrada a leerte en un
género concreto, cambiar de registro puede generar confusión, el pseudónimo
ayuda a marcar esa diferencia y a centrarte en un determinado nicho.
No quiero olvidar a todos los escritores que ocultan sus
nombres porque no tienen otra opción. Hablo de otras épocas y también del
presente, países donde publicar se incurría o se incurre en problemas legales. En Francia del siglo XIX, por poner un
ejemplo, muchas escritoras adoptaban pseudónimos masculinos para poder publicar
sus obras. Como George Sand, su nombre real era Amantine Aurore Dupin.
Algunos autores famosos que lo han utilizado son:
George Orwell, Eric Arthur Blair
Mark Twain, Samuel Langhorne Clemens
Recordemos a Carmen Mola, que resultó haber tres escritores
detrás de este pseudónimo: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero.
Nombres reales que fueron revelados al recibir el Premio Planeta de Novela 2021.
El anonimato en la sociedad en la que vivimos tiene su
importancia, al menos desde mi punto de vista, aunque yo, ya veis, voy a lo
bonzo. Tal vez debería haberlo pensado dos veces. Ya está hecho.
Está claro que cada uno debe hacer de su capa un sayo, pero mi pregunta: ¿qué pensáis sobre el asunto? ¿Qué pseudónimo os habríais puesto de utilizarlo?

Luego tenemos la otra vertiente, como le ocurrió J. K. Rowling y tantos otros, que escribieron una novela con seudónimo para demostrar que podían escribir sobre cualquier cosa y, al no tener éxito, tuvieron que filtra quién era el autor real.
ResponderEliminarBeauséant
EliminarEs que nunca se sabe si la opción elegida es la mejor hasta que pasa el tiempo.
SAludos.
Una novelista española, de nombre Cecilia, se puso nombre de varón para ser tomada en serio y ser leída en un mundo dominado por lo masculino: Fernán Caballero.
ResponderEliminarCayetano
EliminarAsí es, por cierto, nació en Suiza aunque ella misma, por arraigo, se considerase española.
SAludos.
Hola, Manuela es cierto que sobre todo mujeres han tenido que incurrir al seudónimo por varías y diversas razones, como tú tan bien lo has expuesto.
ResponderEliminarCreo que es una muy buena manera de separar el terreno personal del profesional.
Estoy de acuerdo totalmente con quién decida aceptarlo como adoptivo .
Es igual que los Nick, en otra dimensión , pero hay personas que no desean dar su nombre a conocer en una red social.
Ahora mismo no me planteo ninguno, más que nada porque no tengo pensamiento de publicar, me quedaría con este que tiene su historia.
Un abrazo, feliz fin de semana
Campirela_
EliminarCampirela es un nick muy bonito, un día tienes que contarnos esa historia que tiene.
SAludos.
Yo utilizo acontracorriente en mis libros. Un beso
ResponderEliminarSusana
EliminarYo no lo pensé, y ya ves, pero el tuyo es bien bonito.
BEsis.
Creo que un seudónonimo ayuda a distanciarse de todo. Siempre y cuando no sea para insultar.
ResponderEliminarSalu2.
Dyego
EliminarUy sí, en las redes eso de insultar se les da muy bien.
SAludos.
Pienso que está muy bien. De hecho, el director de una página llamada Masticadores descubrió mi blog y me ofreció la oportunidad de publicar mis entradas del blog en su página. Pero había que hacerlo con un nombre serio. Cabrónidas no valía y yo tampoco quería hacerlo con mi nombre real. Así que utilizo un seudónimo. De hecho, es lo apropiado si escribes cosas irrespetuosas como hago yo a veces. Aunque a Barbijaputa no le sirvió de nada hasta que la denunciaron en serio.
ResponderEliminarCabrónidas
EliminarEs que ya nos metemos en unos jardines que sobrepasamos ciertos límites, ya no hablo el de la infamia que ese nunca se debe pasar, sino el de ser políticamente correctos.
Una entrada muy interesante, desde luego.
ResponderEliminarDonde más se oculta el nombe verdadero de un artista es en el mundo de la música, pero en este caso creo que es solo por razones estéticas y comerciales.
Como escritor, si tuviera que elegir un pseudónimo, me inventaría un nombre en inglés, que mola más, ja, ja, ja.
Un abrazo.
Josep Mª
EliminarUn nombre en inglés, tú sí que sabes... ;))
ABrazo.
Si yo hubiera sido escritor, que no lo soy, me hubiera gustado escribir con un pseudónimo japonés de mujer y me hubiera llamado Hanako, tendría que pensar el apellido. Pero no será. Saludos.
ResponderEliminarJoselu
EliminarEs interesante. Nos despierta la curiosidad en saber por qué.
SAludos.
Cuando nacieron los blogs, en la época de las cavernas, muchos los usábamos porque teníamos cierto temor a algo desconocido... Hoy día, supongo que algunos lo seguirán haciendo por temor a que en algún momento se les escape algo que no sea "políticamente correcto", esa censura ferrea que hoy impera.
ResponderEliminarCon respecto a Carmen Mola, me causó en su momento perplejidad que una librería feminista devolviera todos los ejemplares que tenia del libro que ganó el Planeta cuando se supo que Carmen Mola no era una mujer, sino tres tipos execrables, para ellas.
Un saludo
Ildefonso
EliminarMi blog ha cumplido la mayoría de edad. Yo me llamaba "manly" porque no quería que nadie supiese si era hombre o mujer y así evitar "las invitaciones a café" :)) :))
SAludos.
Manuela, qué tema tan jugoso has traído. Los pseudónimos son casi como una segunda piel: a veces protegen, a veces liberan, y otras simplemente permiten jugar sin que el mundo mire demasiado de cerca.
ResponderEliminarMe gusta pensar que cada seudónimo es una puerta: unos la cierran para resguardarse, otros la abren para reinventarse, y algunos la dejan entreabierta para que quien quiera adivinar, adivine.
Lo que cuentas de las escritoras del XIX —y de tantas voces silenciadas— recuerda que no siempre fue una elección, sino una necesidad para existir en la página. Hoy, aunque el contexto es distinto, sigue habiendo razones legítimas para querer separar la vida íntima de la literaria. Y también razones creativas: a veces un nombre nuevo permite escribir desde un lugar que el propio nombre no deja.
Si yo hubiera tenido que escoger uno, quizá habría buscado algo que sonara a viento o a oficio antiguo, esos nombres que parecen venir con historias incorporadas. Pero al final, como tú dices, cada cual hace de su capa un sayo.
Gracias por abrir este pequeño debate tan lleno de matices.
Anónimo
EliminarGracias por tu magnífico comentario. Esta es tu casa. SAludos.
No soy anónimo, soy Enrique. Tengo un problema con Google y me manda al anonimato. Saludos de lunes
EliminarETF
Eliminar¡¡Enrique!! Un abrazooooo...
Lo entiendo como
ResponderEliminarherramienta de
marketing,luego
miremos a los
que son escritores
con algún Best
Seller, y con su
nombre auténtico,
que cada uno saque
conclusiones,un
saludo.
Orlando
EliminarEso es, que cada uno saque conclusiones :))
SAludos.