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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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Abrí una pequeña tienda de ropa. Tenía mucha ilusión en ella porque todo en la vida me había salido mal y esta parecía ser la última oportunidad  para  emprender algo exitoso, quizás el último tren para mi vapuleado orgullo.

La cuestión es que a pesar del mimo con que  planteé la nueva empresa: estudio de proveedores, decoración del local, competidores…,  a pesar de todo, el día de la  apertura no entraba ningún cliente, la gente pasaba de largo sin mirar  el escaparate.  Pensé que podía ser  la hora, por la mañana  todo el mundo va con prisas. Tuve paciencia y esperé todo el día,  pero nadie entró.

Al día siguiente estaba en las mismas, horas esperando ansiosamente a que alguien se acercara, pero sin ningún resultado. Decidí cambiar el escaparate, pero aún así,  tampoco  se detenía nadie, aquellos que pasaban por delante, y eran muchos, no les llamaba la atención mi tienda: un local nuevo, recién abierto, con colores vivos, maniquíes a la última moda…, todo en vano.

Llegó el tercer día y no entraba cliente alguno. ¿Dónde estaba mi error?
Había dedicado hasta el último céntimo que tenía en abrir este negocio. Yo solo quería  decir por una vez en la vida: “Esto me ha ido bien, lo he conseguido, soy una persona de éxito”.   Pero el resultado, una vez más, era otro.

Ya el cuarto día sin nada nuevo me derrumbé.  «Esta tienda, lejos de ser un éxito resulta ser la mayor decepción de mi vida. La mala fortuna me ha perseguido una y otra vez en todo lo que me he empeñado, por mucha dedicación siempre la suerte ha ido contra mí. Hubiese dado lo que fuera porque esto hubiera salido bien,  que al menos en esta última etapa de mi vida alguien me hubiese respetado por un logro.»  

Tapándome los ojos con las manos me eché a llorar.  Cuando pude reponerme levanté la cabeza  y vi que una mujer había entrado al local.  El corazón me dio un vuelco. Yo  me encontraba junto al escaparate, en la esquina opuesta a ella, la veía de espaldas.  Con mucha ilusión, le pregunté:

—Buenas,  ¿puedo ayudarle?

Cuando se dio la vuelta me quedé sin respiración. Esa mujer era idéntica a mí misma, mis ojos,  mi semblante. Me sentí aterrorizada. La figura no se movía, simplemente me miraba, yo no podía reaccionar, cuando a los pocos segundos vi que la puerta  se abría tras ella. Dos mujeres sonrientes entraban y comenzaban a toquetear los artículos de  distintos estantes.  Después de ellas entró otra mujer, y luego una chica y así hasta que la tienda se llenó. Pensé que mi visión había sido producto de mi mente, la desesperación puede crear fantasmas.

El caso es que a la mañana siguiente ya era mediodía y nadie entraba. Sin darme cuenta de cómo ni por qué, en un momento dado  allí estaba de nuevo la visión de mi propia estampa.  Me miraba en silencio. Al momento los clientes volvían a llenar la tienda.  Así todos los días uno tras otro, tanto que para mí ya era familiar la aparición y dejé de preguntarme qué significaba aquello, lo principal es que mi tienda era un éxito, el éxito con el que yo había soñado toda la vida y nada me lo iba a ensombrecer.

Así  pasé muchos años hasta que un día creí merecer dejar de trabajar. Decidí hacer  un traspaso, no sería difícil dado el nivel de ventas que  tenía, y efectivamente así fue,  traspasé el negocio a una chica joven que empezaba con ilusión y con quien desde un principio tuve mucha empatía.  El triunfo estaba asegurado —le dije—, pero celosamente callé el  secreto que guardaba

Llegó el día de la nueva apertura, estaba en  mi casa y no dejaba de preguntarme cómo le iría a mi compradora. Mi curiosidad era grande, así que decidí ir a ver qué suerte tenía en las ventas.  Fui a un bar frente a la tienda y me senté a tomar un café, desde allí podía ver cuánta gente entraba.

Pasaban las horas y no entraba nadie. Pasó la mañana, la tarde, la  mañana del día siguiente, la tarde y así hasta tres días.  Al cuarto yo seguía acudiendo al bar y daba fe que a la tienda no entraba ningún cliente. El remordimiento, por hasta cierto punto haber engañado a la chica, siendo consciente del secreto, no me dejaba vivir.  Tenía que poner remedio ya, mi conciencia  me lo demandaba.

Salí del bar y me dirigí a cruzar la calle. A mitad de camino sentí un fuerte y seco golpe. Desde ese instante no puedo exactamente  describir cómo me siento, algo así como volátil, como vacía, la cuestión es que mi decisión de ir a la tienda era tan cierta que incluso en ese estado sabía que tenía que llegar hasta allí, y no sé cómo, de repente, me encontré dentro del local.

La nueva dueña, de espaldas, miraba a través del escaparate  lo que en ese momento ocurría en la calle, hasta que al sentir que alguien estaba en el local -yo misma- se giró.  Fue verme y ponerse blanca, no dejaba de mirarme a mí y a la carretera. Y no sé  por qué no sentí la necesidad de hablar, sólo la miraba. Hasta que  un cliente entró y  preguntó por una prenda, a este le siguió una señora interesada por las  faldas y a estos más clientes. 


Al día siguiente, sin yo querer ni lo contrario, volví a entrar a la tienda a la misma hora. Fui y guardé silencio y empezaron a entrar clientes al establecimiento, y al otro día también fui y ocurrió lo mismo, y al otro, y al otro, y al otro…




Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

32 comentarios:

  1. Un relato curioso, siempre se ha dicho que los espíritus están ahí, lo que ocurre que generalmente no se dejan ver.
    Buen relato.
    Abrazo.

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  2. Muy bueno Manuela.. jeje, esa es una técnica de Marketing, lo importante es atraer clientes aunque no compre, porque esos atraen mas clientes. Hay estudios que incluso se contrata gente anónima o familiares para que hagan de gancho, Yo cuando vendía cuadros de firma carísimos, en unos cócteles que montábamos en una reconocida Galería de Arte, buscábamos ganchos que se interesaran por un determinado cuadro y asi era mas facil la venta, se promocionaba solo ..
    Abrazos..

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  3. Que historia mas bonita..creo entender que ella era su propio fantasma, ayuda a esa chica al igual que a ella la ayudaron.Hay hechos extraños en la vida de las personas y este puede ser uno de ellos.
    La historia esta muy bien llevada.
    Un abrazo Manuela.

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  4. Interesante. Me gusta.
    Siempre me han gustado.

    Besos

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  5. Una especie de déjà vu muy especial.

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  6. Este es un extraño caso de fantasmas. Algunos desearían que les pasara lo mismo aunque tuvieran que vivir con ellos...¡si son gente de bien y traen la buena suerte! je, je.
    Un abrazo

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  7. Manuela, me encantan tus historias. Ni te imaginas el regalo que es para mí leerte. Besos :D

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  8. Curiosa e impactante historia. Admite más de una lectura. Me quedo con la magia que hace funcionar todo lo que toca. El efecto rebaño hace el resto. Es como cuando quieres comer y no entras en un restaurante porque no hay otros clientes. Desconfías. Si ves gente dentro, entras.
    Un saludo.

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  9. Excelente es poco. Brillante.

    Abrazo. Manuela.

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  10. las apariciones espectrales, se puede dudar si eran reales o imaginadas, pero el volumen de ventas de la tienda sí se puede constatar que era real.
    una gran responsabilidad, tener un negocio propio...
    abrazos!

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  11. Me has pillado de una manera que casi no respiraba de lo veloz que iba leyendo.
    ¡Bravo!

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  12. Y no pudo dejar de trabajar...

    De algún modo, una parte de ella estuvo y estará siempre vinculada a esa tienda. Siguen siendo un misterio sus apariciones cuando ella era la propietaria. Muy bueno, Manuela. Tus relatos siempre traen algo inesperado.

    Besos

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  13. Un gusto haber pasado por acá, donde encontré algo más que aquella tienda de ropa.

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  14. Hola, Manuela! Entiendo que los dos personajes son ella, la chica y la menos chica en distintos tiempos. No sé si mi manera de entenderlo es la correcta, pero es la que cerraría un círculo perfecto. Me ha gustado un montón.

    Un abrazo!

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  15. Ver a un fantasma ajeno es intrigante, pero ver a su propio fantasma cuando todavía estaba viva eso ya es paranormal. Estas historias que encierran muchas incógnitas también son intrigates, je,je.
    Un abrazo.

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  16. Una historia tan curiosa como impactante.

    Un abrazo.

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  17. Manuela, por ahí ya lo han dicho todo, excelente, brillante, curiosa...
    Gracias por el relato. Un saludo. Ángel

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  18. Al ir leyendo, pensé que la apertura del local había coincidido, con la llegada del virus y el confinamiento, cuando la gente pasaba por allí pero iba a "comprar lo esencial", que era lo único permitido.
    Pero no, la tienda duró años hasta ser traspasada y la fuerza mental de la dueña y vendedora era mas fuerte que todos los anuncios y el marketing, era el desdoblamiento
    de una personalidad ilusionada, dispuesta a vencer y sobreponerse a todo.
    Cambien en la escritura lo consigues, atrapas.
    Enhorabuena.
    Gracias por esa ilusión que contagia.
    Un abrazo grande.

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  19. Me ha parecido muy bueno este relato.
    Un abrazo.

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  20. Es inquietante, me ha gustado.
    Salud.

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  21. Casi se me ponen los pelos de punta, al ir avanzando en el relato, por cierto no pensaba en ese final.
    Saludos

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  22. Inesperado e inquietante tu relato Manuela, me ha gustado.

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  23. Felicitaciones.me encanto!Saludosbuhos

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  24. Intrigante relato Manuela, me ha encantado.

    Abrazos.

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  25. Intrigante y misterioso relato, Manuela, tu espirito tenía el talismán... eso cero.

    Un abrazo.

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  26. Atrapante texto´, como como la visión que se quedo atrapada en la tienda ayudando a las ventas....Me encanto. Saludos.

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  27. Quién está escribiendo este comentario?
    Seré yo quién creo ser?
    Ayyyy...

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  28. Interesante y entretenido relato. No sé si tiendas, pero en literatura tienes espacio... :)))))

    Abrazos Manuela.

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  29. El reto y la consecución. Doble pareja. Doble herencia. Y en este caso generosidad. ¿Interna?

    Un abrazo, Manuela.

    Anna Babra

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  30. que lindo lo que has escrito Te dejo flores que van volando

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