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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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En búsqueda del paraíso





Estaba harto de la  vida que llevaba,  veinticinco años trabajando en una empresa de autobuses. Si, alcancé el puesto de director general, tenía un buen sueldo y   pasaba las horas  en  un despacho a buen resguardo (a veces sin hacer nada) pero detestaba cumplir un horario y bregar con la gente, de modo que cuando heredé la fortuna de mi pariente lejano tuve claro que quería abandonarlo todo y vivir  de anacoreta  en una isla desierta.
Y así hice,  compré una isla en el lugar más recóndito del océano Pacífico, una isla que no aparecía en los mapas.  Allí estaría yo solo disfrutando de la naturaleza y hablando conmigo mismo el resto de mis días.

Me trasladé allí.

Todo era maravilloso, eso sí,  a la semana de vivir en la isla me di cuenta que  había  un pequeño detalle en el que no había caído. El detalle era mi cuarto de baño, le echaba de menos. Eso de estar todo el día con el agua salada en el cuerpo me hacía mal a la piel y no hablemos de las incomodidades para realizar las funciones  biológicas, así que   mandé construir una casa. La obra duraría diez meses ya que el traslado de los trabajadores diariamente a mi isla ralentizaba mucho su ejecución, recordemos que no había comunicación alguna establecida, así que tomé una buena decisión y fue  que construyeran también unos bungalows para ellos y por supuesto para sus familias (por aquello de la reconciliación familiar, no quería  tener problemas con los sindicatos).

Entre tanto  y sin perder de vista mi  objetivo de aislamiento quise darme un capricho, nada, sin importancia, ordené que me instalaran Wifi en casa,  así podría ver películas, estaba ya  un poco aburrido de tantos atardeceres, eran todos iguales.

A todo esto, para evitar que  los hijos de los trabajadores estuvieran correteando por toda la isla y con ello interrumpieran  mi meditación, bueno, la verdad es que nunca tuve paciencia para los niños, el caso es que  era imprescindible que fuesen a un colegio y estuvieran allí “recogidos”, en consecuencia determiné  construir  escuelas de primer grado y superior y por supuesto una universidad, para que no molestaran hasta ya bien mayorcitos.

Otro asunto fue mi cintura, si,   al pasar los días me fijé que mi cintura estaba dando de sí, estaba engordando,   y es que digan lo que digan, los cocos engordan. Si mi intención era seguir siendo un  anacoreta sano, y mi intención era esa,  necesitaba hacer algo de deporte, así que contraté un equipo de fútbol para que viniera dos días a la semana a mi isla,  claro, no iba yo a jugar al fútbol  solo. El problema es que los jugadores  llegaban cansados después de hacer tantos kilómetros desde el continente así que construí un aeropuerto para agilizar el viaje, es más, construí un hotel para que estuviesen más a gusto hospedados y así en lugar de dos días a la semana entrenásemos tres, con esto también conseguí que  no me diesen tantas patadas en las espinillas  durante el entrenamiento, intuía en ellos un poco de animadversión hacia mí.

Y como ya era de prever surgió mi aprensión, algo que va conmigo desde pequeño, pensé que lo    prudente era construir un hospital por lo que pudiera pasar, había mucho cocodrilo suelto. También llamé al Vaticano para que  mandaran un cura, aquí las enfermedades son muy extrañas y no quería  yo en un momento dado morirme sin que me suministraran los últimos sacramentos.
Para que todo fluyera en el menor tiempo posible hice construir un metro suburbano y con ello impedir el absentismo laboral, es que los trabajadores son como son y  una y otra vez ponían el  pretexto de que los tifones les impedían ir a trabajar. Es más, para apresurar las tareas  me acordé que los japoneses dicen que los trabajadores cuanto más contentos más rinden, pues bien,  para que no tuvieran el menor atisbo de aburrimiento   cedí parte de mi isla al Corte Inglés para que se instalara y así no les faltase ningún artículo de primera necesidad incluso yo creo que ni de segunda ni de tercera y estuviesen bien entretenidos en sus ratos de asueto.



Después de tanto gasto tuve que buscarme un trabajo para vivir. Me hice peón de albañilería,   no tuve la cautela de haber construido una red de autobuses.






Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.



79 comentarios:

  1. Lo de la red de autobuses, no lo pillo :(
    Besos y salud

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  2. Ah, ya, si claro, es que la historia empieza con que estuvo 25 años conduciendo un autobús, un humor un poco inglés ¿No?
    A mi me ha gustado :)
    Besos y salud

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  3. He llegado a dos conclusiones:
    1: El pariente cometió una estupidez al escoger su heredero.
    2: El heredero, también heredó la estupidez del pariente.
    Vaya despilfarro de capital. Por cierto; vaya mierda de isla remota. Resulta que incluso le llega Internet.

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    1. Noxeus,
      Pues si, se ve que lo de los genes funciona.
      BEsis ¡¡¡

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  4. Tu escrito de hoy da para reflexionar mucho,gracias,abrazo buen finde.

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    1. Fiaris,
      Pues si, la conducta humana es tema de reflexión.
      SAludos ¡¡

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  5. ¡Qué grande eres Manuel!
    ¡Qué texto más realista y de qué manera expresas cuan incoformistas somos los seres humanos!
    Cuanto más se tiene, más se quiere.

    Gracias Manuela.

    Saludos.

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  6. Divertidísimo relato, Manuela. Tan bien narrado, además. Incluso da para polemizar.

    Abrazo hasta allá.

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    1. Carlos,
      Bien, lo que se dice muy bien no está escrito pero si entretiene y sobre todo si da para pensar, se da por bueno.
      SAludos ¡¡¡

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  7. Estupendo relato que nos dejas este sábado , creo que tienes mucha razón él hombre nunca estará del todo satisfecho cuando algo se logra siempre hay un pero ..al final este hombre creyó que su felicidad estaba en una isla y no ..la felicidad esta dentro de uno mismo el entorno influye lo justo ..Me encanto leerte . Gracias
    Un abrazo y felices fiesta.

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    1. Campirela
      Completamente de acuerdo contigo, la felicidad viene de dentro y no de fuera.
      BEsis ¡¡¡

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  8. :) hubiera regresado a conducir, sin ese olvido... A veces desearíamos escapar como él. Cuánto nos duraría el encanto.
    Besos.

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  9. Me he inflado a reír, construyó otro mundo paralelo, jjajaja

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    1. Tracy
      Me alegro mucho que mi relato te haya distraído.
      BEsis ¡¡¡

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  10. vaya, al final la isla tenía poco que ver con lo que era al principio! casi volvió a su vida de antes, pero en la isla. :D si es que cuando hemos crecido con ciertas cosas, no podemos prescindir de ellas mucho tiempo.
    abrazos!

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    1. Chema,
      Es curioso cómo entre todos los comentarios, cada uno vais matizando y al final es justo el mensaje completo del texto. Sí, es muy difícil apartarse de nuestras costumbres incluso de cosas que nos rodean.
      BEsis ¡¡¡¡

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  11. Un relato genial, no sabemos vivir sin lo que hemos conseguido. Un abrazo

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    1. Ester,
      Efectivamente, casi habría que nacer de nuevo.
      BEsis ¡¡

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  12. Hay gentes que no saben usar su dinero.

    Todavía peor: Hay gentes que no saben usar su vida.

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    1. Guille,
      Si, es una pena, y yo que estoy segura de saberlo utilizar no tengo ningún pariente lejano que se acuerde de mí. Una injusticia.
      BEsis.

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  13. Uno más de los que se creen que el dinero caído del cielo dura toda la vida.

    Saludos

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    1. Emilio
      Efectivamente el dinero y el tiempo se escurren entre los dedos como el mismo agua.
      SAludos.

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  14. Si es que no podemos escapar de nosotros mismos. Allá donde vayamos, llevaremos nuestras obsesiones y nuestras dependencias.
    Muy ocurrente tu relato.
    Un saludo.

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    1. Cayetano
      Buscamos las respuestas fuera cuando se encuentran dentro. Si reflexionásemos y fuésemos coherentes encontraríamos la felicidad sin necesidad de herencia o islas en el Pacífico.
      SAludos ¡¡

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  15. Qué bueno, Manuela, ja,ja,ja. Tanto querer aislarse y vivir una vida contemplativa y ha acabado peor de lo que estaba. Esto nos hace pensar si realmente podríamos vivir, o sobrevivir, en soledad y aislados del mundo y del sistema capitalista. Queremos paz y tranquilidad pero no queremos prescindir de ciertas comodidades.
    Un relato muy sabio, irónico y entretenido.
    Un abrazo.

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    1. Josep
      Yo ya te digo que la que suscribe no sería capaz, pero me conozco y no lo intento. Claro, que tampoco tengo la herencia...
      BEsis.

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  16. En búsqueda del Paraíso, o volver a las andadas.
    Besos.

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  17. Vaya ingenio el tuyo, Manuela,jejeje, para semejante viaje no hacían falta tantas alforjas.
    Con lo fácil que resulta vivir sin envidiar nada ni a nadie.
    Si se queda en la isla de Santa Marina no habría echado nada en falta,
    Un abrazo.

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    1. El tejón
      Dicen que la envidia es la comparación con los demás. La pregunta del millón es: ¿por qué compararnos y no vivir nuestra vida según nuestra forma de ser y pensar?
      SAludos.

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  18. Me he deleitado.Es un gran cuento, Manuela, con una moraleja indiscutible, aplicable a todos los tiempos y en todo el mundo.

    Abrazo austral.

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    1. Esteban
      Me alegra mucho que te haya entretenido.
      BEsis ¡¡¡¡¡¡

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  19. Respuestas
    1. Alfred
      Esa sonrisa es que te ha gustado. Me alegro ¡¡
      BEsis ¡¡¡¡¡

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  20. Muy bien construida la historia del personaje.
    Intuyo desconocía, que uno se lleva a si mismo donde quiera que vaya.
    Un fuerte abrazo Manuela y bienvenida.

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    1. Ángela,
      Gracias, por aquí estoy de nuevo, dando la lata.
      SAludos.

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  21. Hola Manuela.. Esta claro que nunca estamos conformes con lo que somos, tenemos o hacemos, pero el espirito humano es eso siempre inconformista, en definitiva los nuevos retos son lo que nos mantiene vivos y en tensión. Yo siempre con esa frase que dice.. No esperes tenerlo todo para disfrutar de la vida, ya tienes la vida para disfrutar de todo..
    Abrazos..

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    1. Llorenç
      Muy acertado lo que dices, hay que vivir la vida en todo el esplendor posible.
      SAludos ¡¡¡

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  22. Me ha gustado mucho tu texto. Sirve para reflexionar un poco ¿podríamos vivir realmente solos sin necesidad de nada de lo que nos rodea? Bueno, yo creo que no evidentemente, aunque también creo que algunas de las cosas que nos rodean podrían ser prescindibles. Un abrazo.

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    1. Rita
      Efectivamente, y hay dos cuestiones, una saber qué es lo prescindible y otra saber vivir sin ello.
      BEsis ¡¡¡¡

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  23. Qué bueno Manuela. Al final, ha vuelto al principio. Como somos las personas, ¿verdad? Me ha encantado. Besos :D

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    1. Margarita,
      Pues sí, muchas vueltas sin avance alguno.
      BEsis ¡¡¡

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  24. jajaja Manuela. Me ha encantado! En serio que no construyó un puerto deportivo? jajajaja
    Por cierto la foto es preciosa.
    Muchos besos :)

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  25. Lo cierto es la vida es un dar vueltas en círculo, como en el bosque.

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    1. Joselu
      Puede ser que se den vueltas cuando no se tienen las cosas claras para diseñar un camino a seguir. Por eso hay, de vez en cuando, que detenerse y meditar dónde se está, y si hay que cambiar el rumbo hay que intentar cambiarlo.
      SAludos .

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  26. Bueno, eso pasa cuando no valoramos lo que tenemos...

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    1. Toro,
      Si, es curioso aquello de querer lo que no se tiene, ese afán de cambiarlo todo... pero hay mucha mucha gente así.
      SAludos ¡¡¡¡

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  27. Aquí en Canarias tenemos una palabra que le va al dedillo ¡fuerte tolete! Jaja
    Me alegra que estés de vuelta
    Besitos!

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    1. lopillas,
      Nunca había escuchado esa expresión :)))
      Besis ¡¡¡

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  28. Que buen relato , con lo feliz que habría sido si no se hubiese movido de donde estaba
    y vivir de lo heredado , este cuento tiene muy buena moraleja , te deseo una feliz tarde
    besos de flor.

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    1. Flor
      Efectivamente, pero se ve que actuaba sin reflexionar.
      Muchos BEsis ¡¡¡¡

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  29. ¡Qué buen mensaje!!!
    Nunca estamos a gusto, siempre anhelamos lo que no tenemos, y a veces tenemos más de lo que necesitamos.
    En fin, no creo que me toque la lotería...
    Mil besos y un texto muy ingenioso.

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  30. Un relato interesante.
    No todo el mundo está preparado para ser un anacoreta, es increíble lo que puede dar de si una pequeña isla.
    Abrazo.

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    1. Matías
      Ni preparado para ser anacoreta ni para ser millonario de repente.
      BEsis ¡¡¡

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  31. Amiga, has vuelto con una fuerza impresionante, creadora, llena de imaginación y moviendo la cámara en un “traveling” que no deja nada al azar, y nos pone finalmente ante nosotros mismos. Como una perfecta Directora de encuadres en tus cuentos.
    Me encanta. ¿Qué podemos descubrir sin descubrirnos? ¿Qué podemos encontrar sin encontrarnos? Pues eso... ¡Gracias!
    Un fuerte abrazo.

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    1. José Manuel
      Me alegra mucho que mis escritos te resulten interesantes o al menos entretenidos.
      En cuanto a volver no creas, estoy y no estoy, es increíble todo lo que puede pasar junto :)))
      BEsis ¡¡¡¡¡¡¡¡

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  32. Cuando trazamos planes de huida siempre se nos olvida lo más importante: huir de nosotros mismos.

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    1. Beauséant
      Justo, lo que no se puede, por eso tal vez se obvia.
      SAludos ¡¡

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  33. Jajaja esa isla desierta se le hizo demasiado desierta jajaja A veceslis deseos cuando se cumplen acaban complicando la vida.
    Besos

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    1. Conxita
      A nuestro personaje en cuestión se le complicó pero vamos, le amargó ¡¡¡ la vida.
      BEsis.

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  34. Ja, ja. Es buenísimo. me ha encantado. A veces no sabemos si lo que queremos es realmente lo que queremos.

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    1. Amparo
      Cierto, y nos pasa porque no hablamos con nosotros mismos.
      SAludos ¡¡¡

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  35. Excelente cuento de Navidad. Bien desarrollado, bien narrado.

    Sin llegar a las extravagancias del personaje, a muchos nos pasaría que, no en islas desiertas pero sí en retiros de pequeños, bucólicos y pastoriles pueblos, también echaríamos de menos algo de la modernidad que nos embarga.

    Es curioso, o tal vez no, que lo primero que echó de menos fuese su inodoro, etc. Ese pequeño trono en el que casi todos somos "monarcas".

    Abrazos Manuela.

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    1. Ernesto
      Coincido contigo, de hecho muchas personas dicen aquello de querer irse a vivir a un lugar tranquilo y tal. Yo no, yo soy urbanita, lo tengo claro :))))
      SAludos ¡¡¡

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  36. Hola Manuela. Es un gran texto, me gusta.

    Un nbeso.

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  37. Querida amiga “ La historia se repite en espiral”

    Excelente publicación!!!

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    1. Ricardo
      Pues si, la vida de este señor no avanzaba, giraba sobre sí mismo.
      SAludos ¡¡¡

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  38. Me parece que la soledad no era lo suyo. un saludo

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    1. Susana
      La pregunta del millón es ¿quién está preparado para vivir en soledad?
      BEsis ¡¡

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  39. Será que como en las historias de suspenso, que el asesino vuelve al lugar del crimen, uno que se vuelve huraño, y solo, termina volviéndose nuevamente, agente social? Un abrazo. Carlos

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