.

Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
.
.
.

¿Quién da la vez?






No era consciente de que llevase tanto tiempo en esta oficina  hasta que alguien me llamó por teléfono y al colgar me deseó feliz navidad.

Necesitaba hacer una consulta a la Seguridad Social y me dirigí una mañana a una agencia de la Administración. Recuerdo perfectamente  haber  entrado en esta oficina una mañana de noviembre, estaba segura porque antes de entrar me pasé por una pastelería a comprar unos huesitos de santo para llevar a casa de postre, se supone que iba a ser cuestión de una simple consulta en ventanilla, pero ahora, heme aquí sentada en una silla que forma fila con otras muchas sillas y otras muchas filas, en una sala cuadrada de techo bajo, sin ventanas,  preguntándome cómo seguirá siendo la vida ahí fuera, en la calle.

Lo extraño es que  me he acostumbrado a vivir aquí, entre las cuatro paredes  de esta gran sala  y pensar  que un día saldré de esta habitación me da miedo, creo que ya no estoy preparada para vivir en un mundo libre.
En algunos momentos de abstracción he llegado a preguntarme si he nacido en esta silla, si no existía nada antes de esto y si los vagos recuerdos que me vienen a la memoria es  simplemente un sueño de una noche cualquiera.

Los huesitos de santo los he repartido entre mis compañeros de espera.  Hay que ser solidarios, de hecho,  sentimos que todos formamos parte de una gran familia.

Hemos hecho horarios de clases para impartir a los niños, y nombrado médico de urgencias, esto último ha estado bien, incluso recuerdo que un día hubo alguien que propuso crear un gabinete de comunicación, pero la verdad, no sabemos qué fue de este chico, no volvimos a verlo nunca. Qué raro.

Aún con todo los siguen habiendo ilusos y así, varias filas de sillas detrás de la mía oigo que dice alguien al teléfono: “No voy a comer a casa”. Je, je, incauto, ni a cenar, ni a dormir, y si tienes planes de boda te la pegarán con otro porque lo que eres tú no sales de aquí.

 Pero no hay que negar que es cierto que de tarde en tarde alguien llega a la ventanilla y después de unos minutos  se nos va y francamente es un momento muy duro saber que nunca volveremos a verle después de haber compartido esta vivencia… yo que soy tan sentida, alguna que otra lágrima he derramado.


Esto es un mundo en otro plano, he acabado por entenderlo, esto es otra dimensión, aquí el tiempo no existe , no importa quienes seamos, qué es lo que tengamos fuera , nuestras obligaciones, nuestras expectativas en la vida,  eso no importa en absoluto y quienes nos atienden en las distintas ventanillas lo saben, lo tienen grabado en la mente como parte de su propia esencia: “Aquél que se siente frente a ti  para una consulta, no es nadie, no tiene nada que hacer, no le debes nada”.


Una vez que traspasas los torniquetes de entrada este lugar te atrapa y ya no puedes salir, piensas: “Ya falta poco, ya falta poco”, pero la cruda realidad es que ese momento nunca llega.



Tú que me estás leyendo tenlo en cuenta: Si algún día tienes que dirigirte a alguna ventanilla de la administración, entrarás siendo alguien y una vez dentro perderás tu identidad (y tu paciencia).





Texto y Fotografía de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.


40 comentarios:

  1. Jajaja buenísimo, tienes una gran variedad de registros y todos originales.
    Pues sabrás que en momentos como esos que estoy donde no quiero o tengo que hacer algo tedioso, visualizo el siguiente momento agradable como un mantra porque cada vez me cuesta más soportarlos. Cada vez entiendo más a los viejitos que empujan y se cuelan en las colas :D
    Besitos

    ResponderEliminar
  2. me ha encantado la ironía de este relato, he sonreído con lo de repartir los huesos de santo y lo de la lagrimilla por el compañero de espera. :)
    yo tengo que ir a revisiones médicas rutinarias cada dos semanas más o menos, y siempre hay retraso acumulado. en la sala de espera, muchos ya nos conocemos de vista y todo. se acaba generando camaradería y todo.
    y de los interminables trámites burocráticos, ni hablemos.
    abrazos!

    ResponderEliminar
  3. Jajajajajajaa
    LLevado al extremo pero si la cosa no se remedia, acabaremos así.
    Un beso

    ResponderEliminar
  4. Muy bueno tu texto , me ha gustado como has planteado el tema ..es cierto que cuando vamos algún lugar de administración donde las ventanillas van lentas muy lentas el tiempo que pasas allí da lugar hacer amistades , por eso tu historia es muy , muy bueno .
    Gracias , un abrazo y feliz noche.

    ResponderEliminar
  5. No he acabado de cruzar el torniquete, menos mal que te estaba leyendo.
    Suerte!

    ResponderEliminar
  6. Me has recordado "La cabina" un mediometraje de los años ´70. Tendré en cuenta tu recomendación si voy a una ventanilla, de hecho me llevaría tu historia para leerla y compartirla. Un aplauso preciosa abrazos

    ResponderEliminar
  7. Es cierto, puedo dar fe de estas últimas palabras... :)
    Besos y salud

    ResponderEliminar
  8. Lo perverso es eso, perder nuestra identidad por un código que a su vez te ubica en un estrato social y en un nivel de sujeto aportante al sistema (El Gran Hermano)

    ResponderEliminar
  9. Impresionante atmósfera retratas, Manuela. Estuve en ese lugar (ni sé cómo escape) pero no quiero regresar.

    Abrazo grande y felicitaciones. Te superas con tus relatos cada vez.

    ResponderEliminar
  10. Ay mi querida Manuela. Como siempre maravillosa entrada. Te voy a contar un pequeño secreto, entre tú y yo... yo soy una de esas personas que está al otro lado de una ventanilla, ja ja. Desde hace ya treinta años (casi ná), y en concreto desde hace dieciseis en una oficina de atención al público.
    Y me ha encantado tu entrada. Además, te confieso que llevas razón. Nosotros hacemos lo que podemos, es más, más de una vez comparten con nosotros tanto los huesos de santos como otras exquisiteces. Una vez, una señora quiso llevarme con ella a la playa, y otra vez, un señor me pidió matrimonio. Eso fue muy emotivo, porque me dijo que es que yo parecía limpia y buena persona. Como comprenderás no acepté, no era la declaración que yo esperaba, ja ja ja.
    Y recuerdo un día, en que visité otra administración vecina. Y viví eso que cuentas, además. Cuando conseguí regresar mis compañeros no me reconocían, no sabían quien era yo, y ya habían ocupado mi sitio. Al parecer habían pasado años. Así que tuve que pensar en dedicarme a otra cosa. Y empecé a escribir, ja ja.

    Un beso cariño. Ahora fuera de broma, me ha encantado tu entrada, y sí es verdad que las esperas son desesperantes. Eso sí, a pocas personas se lo he escuchado con tu sentido del humor y tu maravillosa forma de escribir. ¡Besitos! :D

    ResponderEliminar
  11. Ja,ja,ja. Una pesadilla convertida en relato surrealista, la de muchos que tienen y han tenido que soportar ese martirio. Cierto es que uno pierde su identidad cuando entra en una oficina de la Administración. De hecho, creo que los propios funcionarios ya no son seres humanos, sino humanoides perfectamente programados para hacernos la vida imposible.
    Muy bueno y muy original.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Ja ja ja, Manuela me ha encantado tu texto. Tienes razón.
    Vas para una consulta y tienes que echas toda la mañana.
    Mi desesperación total es cuando tengo que pasar por la ventanilla del banco.
    Ufff!!!
    Feliz día.
    Besos

    ResponderEliminar
  13. Hola Manuela.. Pues si, parte de nuestras vidas se desperdicia en las sillas de las salas de espera, después de haber perdido el tiempo programando las horas de visita por Internet, o por un teléfono hablándole a una maquina..
    Un abrazo..

    ResponderEliminar
  14. ¡Buenísimo, Manuela! Así es la administración, en la ventanilla se pierde todo, no somos más que casos , números...además de todo el tiempo que hay que esperar...¡como si el tiempo no tuviera valor!
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  15. Brillante y bastante real, aunque kafkiano, el relato que has escrito.
    Enhorabuena. Besos.

    ResponderEliminar
  16. Genial, genial relato que hace ver la lentitud en ser atendidos en centros oficiales, la lentitud en solucionar "papeleos" y la frialdad con que te suelen tratar. Un relato estupendo.

    ResponderEliminar
  17. Buf!! Qué bueno, que manera tan real de describir lo que es la burocracia en este país. La última frase me ha convencido, lo tendré en cuenta.
    Un abrazo sin espera.

    ResponderEliminar
  18. Excelente sátira. Me has hecho recordar algunos trámites. Uf! Jaja.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  19. Asustadita quedo, que tengo que ir a renovar un documento. Creo que dejaré testamento redactado antes de ir.

    Muy bueno el relato, que podríamos calificar casi como costumbrista. Sólo que se cambia el "vuelva usted mañana" por un "aquí no se mueve nadie".

    Besos

    ResponderEliminar
  20. me han gustado los huesos de santos, con la metáfora perfecta para estos sitios. los restos de muertos que no están del todo muertos porque aún no les ha llegado el certificado ;)

    intento acceder a la administración por internet todo lo que puedo, pero ahí lo que dan ganas es de tirarse por el balcón.

    ResponderEliminar
  21. Tenía mucha razon el que dijo "Las cosas de palacio van despacio".
    Para acudir a departamentos de la administración hay que ir preparado y armarse de paciencia, por suerte hoy muchos problemas se pueden solucionar a través de internet, también es ya bastante habitual coger numero para ser atendido, aunque la espera sea la misma.
    Abrazo.

    ResponderEliminar
  22. Jajaja Manuela me has hecho reír con esta estupenda crítica y es que tanta burocracia hace que uno realmente se pierda en la administración y lo peor es que solo se habla de simplificarla para hacerla más compleja. Escuché una vez que a mayor corrupción, mayores trabas burocráticas y de una cosa y de la otra me parece (por desgracia) que vamos sobrados.
    Besos

    ResponderEliminar
  23. Yo he tenido suerte, he estado en Hacienda, para algo que yo mismo pensaba que no me iban a solucionar, en el Catastro, para cambiar la dirección de un piso para que nos pagara un banco malo o SAREB, la comunidad de un piso que tenia embargado, en la Seguridad Social, cuando falleció mi madre y al menos en mi caso, no he esperado prácticamente nada.
    Incluso en un par de casos me insinuaron que tendría que pedir hora y volver otro día y yo haciéndome el tonto, conseguí que me dieran número y me incluyeran ese día en la lista de espera que afortunadamente no fue mucho.
    Solamente en una ocasión tuve que reclamar por la tardanza en una operación de cataratas que me tenían que hacer, lo hice por escrito y a los dos días me llamaban a casa para, si me venía bien me operaban el lunes de la siguiente semana.
    Los funcionarios suelen tener mala fama, pero hay veces que somos nosotros los que no sabemos pedir lo que queremos.
    Saludos

    ResponderEliminar
  24. Perfecta ironía de la realidad de la espera desesperante.
    Creo que cuando vamos a asuntos relacionados con la administración, ya ni se pide la vez. Al pasar el torniquete, no es que perdamos la personalidad, sino que SOMOS UN NUMERO, que saldrá en una pantalla cuando le de la gana. Puede que en una misma sala de espera, cada uno da NÚMEROS se perderá con quien lo tena, por una puerta distinta.
    Por eso, NÚMEROS que se han retirado seguidos de una máquina, incluso aunque se sienten en sillas contiguas, llevan vidas o dramas distintos y los huesos de santo poco contribuyen a la cordialidad y a hacer la espera más llevadera.
    Y si es un BANCO, ni te cuento... pueden mandarte salir y hacer en el cajero lo que el de la ventanilla, "no puede hacer, porque te tiene que cobrar".
    Ojalá tuviéramos esa misma suerte en las consultas médicas.
    Aunque uno hace en cola por necesidad, me encanta conocer personas y los huesos, si alguien los ofrece con una sonrisa. Prestaré más atención, por si te veo en la sala.
    Gracias Manuela. ¡Que distinta las consultas si no fuéramos y no tuviéramos siempre tanta prisa! Podríamos disfrutar de un "buenos días" y de "unos huesos" y llegar a la ventanilla más relajados.

    ResponderEliminar
  25. ¡Cielos! se te da bien.

    Al principio pensé que estaba encerrado ahí como en aquella película de Buñuel.

    Pero menos mal...
    Luego tome conciencia de que tan solo fue el sueño de una noche ce verano.

    Besos.

    ResponderEliminar
  26. P.D. Es mejor intentar sacar lo bueno de cualquier situación, aunque a veces se me antoja perverso.

    ResponderEliminar
  27. Fenomenal Manuela tu entrada... quizá se debiera escribir un soneto como hizo quevedo...¡!Érase un hombre a una nariz pegado...! Érase un hombre a una silla pegado...! Es vergonzoso lo que ocurre en muchos lugares administrativos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  28. es una de las cosas que menos me gustan. Esas esperas que siempre parecen que duran mucho más de lo que señala el tiempo. esas colas que parece que no se reducen

    ResponderEliminar
  29. Hay que hacerlo todo on line... como tengas que hacerlo en personas estás condenado...
    Un horror siempre.

    ResponderEliminar
  30. Hola!que relato! La verdad que a mi las salas de espera me dan ganas de salir corriendo nomas llegar.gracias.saludosbuhos

    ResponderEliminar
  31. Me gusta tu estilo. Volveré a leerte. Una cruda realidad,

    ResponderEliminar
  32. Hace dos semanas estuve en una sede de la Tesorería de la Seguridad Social con mi hija para consultar sus datos para su primer trabajo. La espera fueron veinte minutos sentados, y luego en la mesa correspondiente la atención fue correcta y muy atenta. Facilitaron todos los datos para el trabajo que íbamos buscando. Esta es mi referencia como usuario de la SS, no puedo decir más. En todo momento me sentí cómodo y bien atendido. Pero entiendo que puede haber experiencias distintas, claro está. Saludos.

    ResponderEliminar
  33. Bueno bueno, para un día que alargas tus concisos y valorados textos, parece que hayas retrocedido en el tiempo unos 40, 50 o 70 años... :)))))

    Lo que describes, o casi, son las ventanillas franquistas, con el consiguiente funcionario franquista, las pólizas de múltiples colores, precios, correspondientes a..., etc. Que te hacían agachar la cabeza de lo bajas que eran para poder ver al susodicho.

    Hoy estas cosas no ocurren, por lo menos en mi País. Aquí todo son facilidades, sonrisas, afabilidad, comprensión y un gran sentido del deber/compañerismo. Aquí todos somos iguales y esas cosas no ocurren.

    Abrazos Manuela.

    ResponderEliminar
  34. Tienes razón, querida Manuela.

    Ese " ya falta poco ", que con inteligencia mencionas, me ayuda a sobrepasar estados de impaciencia que a ratos me incomodan.

    Un abrazo grande.

    ResponderEliminar
  35. Hola Tocaya:

    Interesante. Sé que a veces los funcionarios se nos olvida que tratamos con gente...incluso los médicos. Y nos es falta de ánimo, es sobrecarga de trabajo y de desesperación que la administración se lava las manos...

    Besos. Gracias por tus palabras en el blog, en la entrada de mis tíos. Yo estoy seguro que tus sobrinas harán lo mismo

    ResponderEliminar
  36. Que bueno Manuela, me he visto y me han entrado hasta sudores. Odio todo lo que suene a administración. Puede que por eso me fuese a vivir al campo, lejos de la burocracia y de tanto ruido.


    Mis felicitaciones por el relato.

    Besos, Ricardo.

    ResponderEliminar
  37. Joselu, Ernesto, y demás amigos, yo reconozco que a mí me pasan cosas que no le pasan a nadie será porque siempre ando trasteando, siempre por las calles, siempre papeleos y miles de enredos. El caso es que os cuento que el pasado mes de noviembre, año 2018 de nuestra era ,tuve una duda administrativa, fui a una oficina de C/Jacometrezo, Madrid, capital del reino y allí me indicaron que fuera a C/Los Madrazos, una vez allí (unas oficinas tercermundistas) no había nadie en ventanilla de información, yo tenía cosas que hacer del trabajo y subí para no perder tiempo y cogí número para que me atendieran, era las 10,30h, a las 12,30h me llamaron y la señorita me dijo que no era allí donde tenía que tratar el asunto sino en C/Cedaceros. No me lo tomé mal. Se me hizo el tiempo llevadero porque fue justo cuando saqué mi libreta, que siempre llevo, y escribí lo que aquí aparece. La semana pasada fui a Atocha a sacar unos billetes, iban por el número 179 y a mí la máquina me dio el 484, fui listilla y lo cambié por el 440 . Entré en Atocha a las 13,40h y salí a las 16,30h . Iba acompañada y me reí mucho. Me hizo tanta gracia la situación que le hice una foto al boleto ( que por cierto conservo) donde aparece inscrito: clientes delante:287. Fue entonces cuando recordé lo que había escrito meses pasados y decidí colgarlo en el blog.
    A mí me ha ocurrido y así lo he contado. Pero fijaos que lo cuento sin acritud y es que yo tengo mucha paciencia, más que el santo Job.
    SAludos a todos y muchas gracias por vuestros comentarios.

    ResponderEliminar
  38. Kafkianamente real...
    Imposible dejar de leerlo sin sentir que se es parte del relato.

    Saludos,

    J.

    ResponderEliminar

Los mensajes que contengan insultos, palabras soeces o sean anónimos no serán mostrados.