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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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28 de diciembre de 2016

Cuentos Navideños. La niña de los harapos

Érase una vez un padre y una hija que vivían en una casa muy humilde.  La madre murió al nacer la niña.
La niña salía todos los días a recoger ropa vieja y harapos,  tejidos que el padre  teñía y con ellos  hacía botas en su pequeño taller. Pero aún así, a penas tenían dinero para comer.

Iba la pequeña con su encargo diario cuando le llamó  una mujer. “Ven” le dijo. La voz de esa mujer era dulce como la miel.

   —Tengo frío, los trapos que llevas me ayudarían a pasar la noche.
   —Pero mi padre los necesita para hacer botas.
   — ¿Vas a dejar que me hiele esta noche?

La niña bajó los ojos y muy apenada por esa mujer le dio los trapos que había recogido durante  la mañana.
A la vuelta a su casa el padre le preguntó cómo es que no había traído ninguno.

   —Se me cayeron al río y la corriente se los llevó.

A la mañana siguiente la niña volvió a salir como de costumbre y en el camino le salió al paso la misma  mujer. Le llamó desde lejos. Ella se acercó, su olor era fresco como el rocío.  

   — ¿Tienes algo para comer?
La niña enseñándole los bolsillos  le dijo que no.
   —Tengo hambre, no he comido en mucho tiempo —insisitió la mujer
   —Pero yo no tengo nada
  —Los harapos que llevas me ayudarían, yo podría venderlos y así comprarme  un bollo de pan. 

La niña muy afligida no dudó en darle los trapos.

De nuevo su padre con mirada firme le preguntó a la llegada a su casa

   — ¿Qué ha pasado que hoy no traes harapos?
   —Hoy no había papá, alguien se me ha adelantado y los ha recogido todos

Y así hasta siete días.

El padre extrañado, puesto que la niña jamás le había mentido, decidió seguir a su hija y así saber qué era lo que estaba ocurriendo.

A la mañana siguiente la niña le dio dos besos y se fue a la calle, dos minutos después, con mucha cautela para no ser descubierto, el padre salió tras ella.

Todo iba bien, su hija iba recogiendo las ropas usadas  que le dejaban en muchas puertas y los trapos que le guardaban en muchas tiendas,  pero en un cruce observó que una mujer cubierta por una capa llamaba a la niña. Rápidamente se dirigió él.

   — ¿Quién es usted que a mi hija llama?

La mujer que entre sombras escondía sus rasgos fue levantando la cabeza hasta mirarle a los ojos. “¿Tu?” —dijo el padre. 

   —Si, he vuelto para saber si habías educado bien a nuestra hija. Me llena de paz saber que es bondadosa  y desinteresada. Id a casa y mirad en el fondo del ropero, encontraréis un lugar oculto donde  guardé unas joyas que tenía de mi familia.

Y así hicieron padre e hija fueron a la casa y en el fondo del ropero encontraron un escondrijo donde  hallaron  ricas joyas de oro y diamantes.

A partir de ese día no volvieron a pasar penalidades, el padre pudo ampliar su taller de botas y la niña ya nunca más tuvo que recoger harapos.

La puerta de su casa siempre estuvo  abierta con un letrero que decía: “Si tenéis hambre, pasad sin llamar”.






Texto de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.






2 comentarios:

Genín dijo...

Me ha gustado, y creo ver una especie de alegoria a la generosidad pero también a la recompensa, un poco parcial ya que la niña era una embustera de mucho cuidado...jajaja
Besos y salud

Manuela Fernández dijo...

Siii, es verdad, Genin, vaya niña trolera ¡¡¡¡¡¡
Besos ¡¡¡