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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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8 de noviembre de 2015

El juramento

Mi marido era médico en un hospital. Un día puso empeño en adoptar a una niña cuya madre, viuda, había muerto en el parto. Me convenció. Él mismo tuvo claro el nombre que ponerle: Ruth. Según crecía, el parecido físico que adquiría con él era asombroso, tanto que con mucho sigilo tomé muestras y mandé analizarlas para saber el ADN de ambos. Hoy he recibido los resultados. 

Recuerdo el día en que Ruth cumplió 15 años, le dije que al morir sus padres nosotros la habíamos adoptado, ante su desconcierto, le juré que no había más verdad ni más mentira en su vida que esa y, que de no ser cierto, cayese sobre mí una desgracia. 

Estoy segura que la muerte de mi marido parecerá un accidente.





Texto de ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.

1 comentario:

Genín dijo...

Yo también, quiero seguir leyéndote y en la cárcel no se si dejan tener ordenatas a los presos por asesinato... :)
Besos y salud