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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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15 de septiembre de 2015

En el baile

A continuación  un relato cuya técnica es escribirlo entre dos personas. El principio lo escribe un autor, en este caso Marcelo Kraken Sosa y el desenlace otro, en este caso yo. 

El fragmento de  Marcelo Kraken Sosa está en letra cursiva y el mío en negrita (no por más importante,es evidente, sólo porque lo distingáis)

Encontrareis más relatos escritos a cuatro manos en "Bificciones"




En el baile

La banda se llamaba “Richard Valdéz y los Apasionados de Siempre” y para que les voy a mentir, era lo más granado del género en aquel momento. Entramos con Cristian medio tarde pero fue suficiente para contemplar con asombro semejante fauna reunida en el viejo cine. Apenas entramos una veterana, sumida en un discreto estado de ebriedad, encaró a mi amigo para que bailara o lo que fuera con ella. Sus ganas de “lo que fuera” se reflejaban en su cara con tanta nitidez y desparpajo que sólo nos limitamos a huir de su lado totalmente agallinados. No pasaron ni cinco minutos cuando estalló la primera pelea. Un par de manotazos, empujones, novias ofuscadas que en vez de calmar los ánimos los enardecen aún más, y los policías que actuaron rápidamente. Vuelta la aparente normalidad nos paramos al lado de un flaco delirante, que parecía poseído por el demonio por su manera frenética de bailar ese ritmo sincrético, mezcla de cuarteto cordobés, cumbia, reggaetón y un dejo de rock nacional. Lo llamativo del caso era que el tipo, sin una pizca de sobriedad o vergüenza, bailaba solo y a los saltos frente a una columna dorada como si fuese su partenaire. Era curioso como en todo momento, allá donde acontecía algo peculiar, allá se dirigían todos los focos de la sala. La sincronía era perfecta.
Fuimos hasta la  barra y pedimos unas copas, el camarero hizo como si nos las sirviera pero de las botellas no salía líquido alguno.
—Venga tío —dije yo  pero el camarero  hizo caso omiso, entonces fue cuando advertí  que  los vasos de la pared eran pintados y las botellas, incluso las estanterías. 
Las luces una vez mas enfocaron otra escena, esta vez era un hombre que corría entre la gente, reconocimos quien era, se trataba de Michael Best,  un actor   de moda. Todo resultaba muy extraño tanto como para marcharnos. Nos dirigimos hacia la puerta  de entrada,  cuando la empujamos en lugar de la calle vimos una vieja máquina de proyecciones que apuntaba  en nuestra dirección. Un estruendoso “Eh, quítense de ahí“ se escuchó por toda la sala unido a un montón de silbidos. No sabíamos de dónde venían esas voces. Alguien nos empujó de nuevo hacia la sala y  la puerta fue cerrada de un portazo. Una mujer me cogió por el brazo, era la mujer ebria que se lanzó por mi amigo, pero ahora estaba totalmente sobria, acercándose a mi oído me susurró:
—¿Dónde se supone que vais?,  ¿acaso habéis terminado vuestro papel?
En la sala las luces continuaban  enfocando a Best  que ahora se fundía con una mujer en  un espectacular beso.
—Pero ¿qué es todo esto? —dijo Cristian—. Conozco este local desde que era un cine y en la entrada leí que hoy había baile, lo anunciaba en la antigua cartelera, ponía exactamente: “el baile”. 

Los focos se fueron apagando y unas letras que aparecieron de la nada, como  flotando en el aire, se hicieron cada vez más grandes y legibles, hasta que  con total claridad se leyó: the end.



©Marcelo Kraken Sosa y Manuela Fernández Cacao




2 comentarios:

Genín dijo...

Si no lo dices al principio no se hubiera notado para nada que escribían -muy bien por cierto- dos personas y no una...
Voy a leer de nuevo porque eso de interactuar personas reales con actores en una pelicula que se proyecta en un cine que es un baile, no es muy normal de entender... :)
Pero a mi me ha encantado... :)

Besos y salud

Manuela Fernández dijo...

Genin, ya sabes que en este blog la realidad y la ficción se confunden :) :) besos.