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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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24 de junio de 2015

Un deseo llamado María.

La conoció cuando ella tenía 18 años. Era la hija menor en una casa donde Juan hacía unos arreglos.
Fue una semana de sonrisas furtivas, alguna palabra suelta, incluso algún roce de manos. Pero María estaba a punto de casarse. Han pasado cincuenta años y  no hay ni un solo día que no la recuerde. Sabe de ella a través de familiares lejanos, le dicen  que también ella guarda un recuerdo  especial.
Desde hace un mes que los dos son viudos se cartean. Pero Juán teme al tiempo, quizás la imagen que guarda María de él ya no responde a la realidad.
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Con su mejor traje se dirige a la casa del pueblo donde vive ella. La puerta, entreabierta, deja ver a una mujer que cose. “Es ella” esa mirada tan dulce, esas manos tan finas  están grabadas en su mente.

 —Hola, soy Juan

—¿Quién? —dijo ella.

—Juan —repitió él.

La cara de extrañeza hizo realidad sus temores, el tiempo es implacable.
Desolado dió la vuelta y desapareció en el camino.

“¿Quién es?” Se oyó dentro de la casa. “No sé, abuela, un señor mayor”.





©Manuela Fernández Cacao   Todos los Derechos Reservados.



9 comentarios:

Lirtea dijo...

PRECIOSO Y TRISTE RELATO.
LA FOTO DE PORTADA ,ME ENCANTA

Manuela Fernández dijo...

Qué bien que te guste Lirtea. No creas que es triste, quizás María fuese más inteligente que Juan, lo cual no me extrañaría, y al enterarse de que estaba allí, quizás salió corriendo tras él :) La fotografía está hecha en la bahía de Santander. Un lugar precioso.

Voz en off dijo...

Todos seremos mayores algún día!

Genín dijo...

Que malentendido mas triste... :(
Besos y salud

Ricard Pardo dijo...

El relato me ha gustado, aunque para una mente tan racional e inquisitiva como la que me han prestado (nunca es del todo mía) resulta todo un reto. Y esa mente me lleva a análisis como este:
18+50=68. La edad de María en el presente. Entonces me pregunto cual debe ser la edad de la abuela. Seguramente una anciana bien anciana.
Y aunque sería muy largo de explicar, esta operación aritmética me lleva a cuestionar lo que se sugiere en tu comentario a Lirtea: La supuesta superioridad de la inteligencia de Maria sobre la de Juan. Un comentario que para mi gusta estropea el encanto que hasta esa inclusión tenía el relato.
Guárdense de "la" calor o "el" calor, como prefieran según su grado de feminismo militante.

Manuela Fernández dijo...

Ricard, ya cuando escribí el comentario a Lirtea pensé: nunca hago comentarios a cerca de la intención del texto, sin embargo en esta ocasión lo hice porque sabía que es sutil y pocos lectores iban a pillarlo. A ver, Juán teme que él esté mayor y María no le reconozca, sin embargo Juán a quien ve en la puerta es a la nieta de María y él es quien la confunde porque él es quien tiene grabada en la mente la cara de María cuando era joven. De ahí que cuando se va, la chica le diga a su abuela que era un señor mayor, la abuela es María.
18 + 50 = 68, la edad de la abuela, Maria, 18 es la edad que tiene ahora la nieta, María tuvo una hija a los 32 y salen las cuentas. Si quieres vuelve a leer el relato ahora y ya se ve la intención.
Gracias por comentar.

Manuela Fernández dijo...

Ah, en cuanto a que Juán es menos inteligente que María no lo decía por decir, lo decía porque se ve que Juán es más romántico e idealista que María.

Ricard Pardo dijo...

El relato lo leí varias veces y en ningún momento llegué a imaginar lo que después de tu explicación resulta visualizable. Una de dos, o el escenario está poco construído o mi racionalidad es patológica y mórbida.
En fin, hay que tener paciencia conmigo; lo sé. :(

Manuela Fernández dijo...

jaja, nada de eso Ricard, te quedaste a un punto. Tu mentalidad matemática te dijo que los cálculos en cuanto a años no salían y dedujiste que yo me había equivocado, en lugar de pensar: ¿dónde está el misterio?
Mis relatos siempre contienen sorpresa, una sorpresa oculta, otro sentido que no el que aparenta a primera vista. Ya lo digo arriba: "Una realidad donde nada es lo que parece".
Muchas gracias por no sólo leer mis escritos sino también por intentar darles sentido.