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Textos y fotografías de una realidad donde nada es lo que parece
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4 de julio de 2013

Una canica

Guardo una canica en mi bolsillo.
Es un regalo lejano.
Es de un niño que quería aprender a escribir
y no sabía que ya había escrito novelas.

Es una canica transparente de día y azul por las noches.
Si la miras muy de cerca se ve la manzana que lleva dentro.

Me la dio un día de esos que Sorolla pintaba en sus cuadros,
un día de luz y de agua.

El niño era descarado, como todos los niños.
Me contó que vivía en un cuento, en una casa encantada.

Yo le encontré,
él me dijo: “no quiero ser tu amigo”.

Desde entonces, siempre la llevo conmigo.


©Manly

5 comentarios:

Genín dijo...

¡Cuantos años sin leer la palabra, canica! :)
Besos y salud

manly dijo...

Las canicas, con lo bonitas que son, apenas se ven.

Eme dijo...

incluso cuando no quiso ser tu amigo te dejo un pedazo de su canica, apenas se ve pero tal vez si se sienta.-



besosdulces*

manly dijo...

Jeje, no sé Eme, habría que preguntárselo al protagonista, en tanto no pensé al escribirlo. Saludos :)

Lirtea dijo...

Ya los niños no juegan con las canicas..bueno, ya apenas juegan.