Decir adiós

Renuncié al olor a jazmín,
a los grandes ventanales por donde entraba luz en las noches y sombras al amanecer.
Di la espalda a esa lumbre que ardía y ardía y no se terminaba de apagar.
Me paré en el camino,
retrocedí por mis propias huellas hasta llegar a mi punto de partida.
Le dije adiós con la mano, con mis pies, con mis ojos, con mi boca…, menos con mi alma.
No pude desprenderme de él.
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8 comentarios:
Así es, hay cosas de las que nuca se desprende uno, son nuestro bagaje.
EXPRESIVA PROSA.
Un abrazo
Nos pasa a tantos tantas veces...
Besitos y salud
Nos alejamos de lo que verdaderamente queremos
Hay tantas cosas de las que no podemos desprendernos, forman ya para siempre parte de nuestro ser. Un besazo enorme.
Es tan fácil decir adiós, pero tan difícil desprendernos del cariño de las personas, de su presencia, así como de las cosas, las personas vivimos permanentemente apegadas a todo, porque somos humanos con sentimientos.
Un beso.
PD.- Gracias por contar tu experiencia en mi blog, muy agradecida.
Es cierto que el adiós es duro y por mucho que te alejes el alma se resiste a ese adiós.
Saluditos.
Somos esclavos de nuestro pasado.
Saludos.
Siempre es difícil decir adios..., y a veces, aún más.
Besos.
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